En los días que lleva a cargo del gobierno el presidente Trump ha demostrado que no ha dejado atrás al candidato Trump. Así dictó la orden de suspender las visas para personas procedentes de Irán, Siria, Irak, Somalia, Sudán, Yemen y Libia, determinó no permitir la entrada de refugiados –aunque ya tuvieran sus visas regulares– por 120 días y la de refugiados sirios indefinidamente. Dijo que ello buscaba proteger a Estados Unidos “de los terroristas” y aludió en su decreto en varias ocasiones a los ataques a las Torres Gemelas en septiembre 2001. Sin embargo, los secuestradores de los aviones que se estrellaron contra el World Trade Center y el Pentágono eran en su mayoría de Arabia Saudí, y también de Egipto, Emiratos y Líbano, pero ninguno de esos países se ha visto afectado por las duras medidas adoptadas por Trump.

Desde la irracionalidad creciente con la cual el nuevo mandatario norteamericano viene conduciendo a su país tras llegar a la Casa Blanca, puede parecerle extraño que el Primer Ministro de Japón, Shinzō Abe, o gente de su delegación le haga esta pregunta en la cita de los próximos días: ¿en qué medida las casi mil empresas japonesas que exportan desde territorio mexicano hacia Estados Unidos se verán afectadas por las medidas que está tomando contra México? Aquellas llegaron allí atraídas por las oportunidades que ofrecía el Tratado de Libre Comercio, NAFTA, pero ahora Donald Trump busca hacer saltar por los aires todo lo allí dispuesto, sin ver sutilezas ni detalles.

Está claro que aquí, como ocurre con tantos otros líderes populistas, no hay análisis de los hechos y sutilezas.

¿Qué nos dice todo esto? Que se ha instalado en la Casa Blanca un mandatario inspirado por visiones voluntaristas, capaz de sostener un día argumentos totalmente distintos de los expresados poco antes. Así, después de calificar con dureza a la OTAN como organismo obsoleto y en el cual Washington debía revisar su pertenencia, en su encuentro con la Primer Ministra británica, Theresa May, y en conversación con el mandatario francés, Francois Hollande , subrayó que Estados Unidos reafirmaba su compromiso con la OTAN.

Y en el uso de los datos, las manipulaciones están siempre enmarcadas en cifras que la realidad desmiente. Cuando ataca la vigencia del NAFTA y descalifica a México, olvida que seis millones de puestos de trabajo en Estados Unidos dependen de su comercio con el vecino del sur.

Y aquí llegamos a la cuestión de fondo. Como pocas veces antes en tiempos de crisis e incertidumbres, América Latina aparece trabada, carente de reflexión, sumida en una miopía de los tiempos que corren. Donald Trump ha atacado con fuerza a México. Decreta la construcción del muro en la frontera con ese país y que debe ser, por cierto, pagado por México imponiendo aranceles exorbitantes por las exportaciones de ese país a Estados Unidos. A punta de tweets las emprende para que las empresas americanas no realicen nuevas inversiones en dicho país, las cuales ya estaban acordadas. Sumisamente, todos acatan el tweet. Es una batería de agresiones a un vecino al cual además le va a devolver cientos de miles de migrantes mexicanos. Es ante esta agresión que la reciente cita de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) en Santo Domingo, nos deja a todos un sabor amargo por su irrelevancia. Es cierto, ha sido la cumbre en la cual han participado el menor número de presidentes desde que se creó en el 2011. Con todo el respeto debido a cada uno de los participantes, es válido señalar que no está presente con fuerza la voz de América Latina en una cita en donde sólo se encontraban 11 de 33 mandatarios. Y ninguno de los presentes pertenecía a los más fuertes bloques de integración de la región: La Alianza del Pacífico ni los 4 fundadores de Mercosur. Lo más serio es subrayar que toda la comunidad allí reunida con ministros y dignatarios enmarcó su presencia en lo que una agencia llamó “unos discursos manidos, largos y poco contundentes, para lo que la coyuntura política mundial requiere”.

¿Acaso no era el momento de asumir que ese muro en la frontera con México no es sólo una barrera inaceptable contra el pueblo mexicano sino una barrera entre Estados Unidos y América Latina? ¿No era un momento para definir una política de diálogo nuevo con Canadá y las visiones renovadas que a ese país ha traído el Primer Ministro Justin Trudeau? ¿Acaso no cabía pensar en una reunión especial de una delegación CELAC con una contraparte de la Unión Europea para analizar en conjunto las derivaciones del escenario internacional y sus incertidumbres?

Digamos las cosas como son. Es urgente que América Latina rearticule sus redes de interacción diplomática y política, que saquemos la voz de manera conjunta cuando hay alguien que busca incendiar la pradera. La convocatoria de la Alianza del Pacífico a una reunión con los países de ASEAN más China, Japón, Australia, Nueva Zelanda, India y Canadá para analizar los pasos a seguir en materia comercial en un paso en la dirección correcta.

Pero hay que responder políticamente a las medidas de Trump contra México, con una sola voz solidaria. Atacar a México es ofendernos a todos en América Latina. Sí, somos una región con diversidades, pero eso no nos exime de saber mirar y entender el devenir de la historia. La historia hoy nos exige respuestas

/Ricardo Lagos en el diario Clarín de Buenos Aires

/gap