La desesperación se expande por toda Venezuela y millones de venezolanos intentan capear como pueden la grave situación que enfrentan en medio de la huelga general de 48 horas convocada por la oposición.

Se trata ya no solo de un tema político, sino casi de supervivencia intentando acopiar comida, agua, productos básicos y otros enseres en medio de un escenario que se desmorona con el paso de los días.

Apenas algunos han podido encontrar algo con lo cual sobrevivir en estos días de incertidumbre y frente a un desabastecimiento brutal que sufre el país por culpa de la falta de productos, la inflación más alta del planeta y una recesión galopante.

La opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y más de 300 organizaciones sociales y sindicales programaron una mezcla de huelga general y paro cívico. Una protesta que sigue en vísperas del fin de semana con la llamada “Toma de Caracas”, la cual busca repetir la manifestación del 1 de septiembre del año pasado, cuando más de un millón de personas marcharon en la capital en protesta contra el gobierno bolivariano.

Para tener una idea de la magnitud de la tragedia que enfrenta Venezuela es necesario tener en cuenta de que se trata de una economía asediada, que ha obligado a un verdadero éxodo de miles de ciudadanos a cruzar la frontera con Colombia en búsqueda de comida, más otros miles que han decidido abandonar el país.

Todo, en medio del empeño del “hijo de Chávez”, como se autodenomina el presidente Nicolás Maduro, por insistir en llevar adelante su proceso Constituyente, el que es visto como el paso final al establecimiento de una dictadura de facto.

Amplio conocedor de la realidad venezolana es el ex senador Nelson Ávila, quien vivió durante una década en ese país.

Entristecido y preocupado por el destino del país que alguna vez lo acogió, Ávila profundizó con El MURO su sensación respecto de lo que pasa en ese cada vez más incierto empeño de revolución bolivariana.

-Usted vivió 10 años en Venezuela. Debe ser difícil ver lo que está pasado hoy en ese país…

-Desde luego que es muy doloroso. Venezuela es mi segunda patria. Me brindó hospitalidad y cariño. El desplome de sus instituciones tiene un factor indiscutible: la corrupción. Se trata de un flagelo que terminó tragándose el sueño de millones de venezolanos que lucharon por un país más justo. Al final, el aparato del Estado sucumbió ante todos los que empezaron a medrar para sí y se olvidaron del compromiso que tenían con su pueblo.

-¿Habla de un proceso de corrupción que comenzó antes de la llegada de Chávez o que se profundizó de manera clara durante esta etapa boliviariana?

-La corrupción en Venezuela ha sido un mal que ha acompañado durante muchos años al país. En algún momento se pensó que a todo ello se le pondría freno y que existiría un vuelco en la medida que le país encendía sus ilusiones por alcanzar derroteros de desarrollo y progreso, dejando atrás ese pasado de enriquecimientos ilícitos. Pero todo eso no pasó de ser una ilusión, porque lo que se vio en este proceso, a esta altura pseudorrevolucionario, es algo muy distinto de lo que planteó en los discursos del inicio del proceso.

-¿Y qué aportó este proceso pseudorrevolucionario para agravar todavía más la situación: ineptitud, incompetencia, autoritarismo…?

-La verdad es que el proceso sucumbió porque el flagelo de la corrupción se hizo institucional y abarcó por completo al conjunto de las Fuerzas Armadas. Así se logró una forma de dictadura que no tenía el estímulo de la construcción de una sociedad diferente, sino solo participar en el reparto del botín.

-¿Qué tan extensa o prolongada será la sobrevivencia del régimen?

-No será fácil ni menos corta. De no mediar un acuerdo institucional que encauce el país en un rumbo diferente, con instituciones democráticas y rediseñadas, lo que se viene es un enfrentamiento fratricida.

-¿Un enfrentamiento que ya comenzó o que se agravará todavía más?

-En cierta forma ya ha adquirido presencia con la muerte de gente en las manifestaciones opositoras. Una situación que resulta ser un anticipo de los que se puede dar todavía en una escala superior.

Maduro por la fuerza de las armas

-¿El de Maduro es un régimen dictatorial, autoritario…?

-Es un gobierno que se apoya básicamente en la fuerza de las armas y que intenta sobrevivir en una convulsión social que ya es incapaz de controlar.

-En este complejo escenario, ¿cuál es la salida que se visualiza? Si es que es posible todavía una salida relativamente ordenada e institucional…

-La salida lógica sería un acuerdo social y político que diera paso a elecciones libres y transparentes. Pero Maduro está embarcado en una lógica de confrontación, por lo que no creará ninguna condición para que se genere ese escenario. Por eso es que las fuerzas opositoras, para no someter al país a un baño de sangre, deben mantener una movilización relativamente controlada.

-La duda es si este proceso Constituyente entrega alguna opción para descomprimir la situación o en realidad lo que hace es agravar todo el escenario…

-El proceso Constituyente se ha convertido en una suerte de provocación que no traerá más consecuencias que ahondar la brecha que divide a la sociedad venezolana. Será un hito de confrontación.

-Todo, con una oposición que hasta ahora se ha mostrado incapaz y torpe…

-Precisamente una de las fortalezas de Maduro es la debilidad de las fuerzas opositoras y la incapacidad de levantar algún liderazgo que las aglutine. Han aparecido algunos, pero sin la talla como para liderar el proceso de restauración democrática como el que exige Venezuela.

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