El inicio del Transición y la continuación de Copa Chile ha dejado muchos heridos en lo que se refiere a los arbitrajes. Hemos visto decisiones inaceptables de colegiados internacionales, errores determinantes en el resultado. Y además, con un jefe de árbitros buscando lindas palabras para justificar lo injustificable. El desempeño no ha sido lo esperado.

Pero basta de buscar semana a semana causales de los rendimientos. Las razones son tan evidentes que sólo falta tomar medidas. Tal vez radicales.

Como sucedió en los años noventa, cuando Alberto Martínez revolucionó el arbitraje, echando a la mitad de los árbitros. Es la única forma de que aparezcan nuevos nombres y figuras jóvenes con proyección.

No hay que olvidar que así asomaron los Chandía, Selman, Pozo, Arenas o Ponce.

Para aquello, la medida más importante debe venir desde la testera del referato. No puede ser que el colegio arbitral sea dirigido sólo por un personaje, que tiene la potestad de ser Dios. Hoy las empresas son dirigidas por equipos multidisciplinarios, que sin duda hacen de aquello un trabajo más personalizado. Esto, sin dudas, llevará a éxitos en el corto plazo.

Los árbitros deben entender que el carácter no se compra en la farmacia. Se forja partido a partido y la personalidad es muy propia, lo cual hace que cada juez tenga su propia identidad. En base a eso es triste ver a un juez ser empujado y que no reaccione. Le sucedió a Andaur en el Colo Colo-Antofagasta. Triste espectáculo.

Columna de Rubén Selman para el diario La Tercera

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