La carta de la señora Adela Montero parte de un error conceptual que echa por tierra todos sus argumentos en relación con la objeción de conciencia. El aborto no es una terapia, por lo tanto no puede ser considerado una prestación médica y, por consiguiente, no puede obligar a las personas a realizarlo.

Además, omite en su argumentación la realidad del que está por nacer, frente al cual también se tiene la obligación de velar por su bienestar. Cosa que el proyecto de ley no solo no contempla, sino que también autoriza su eliminación. En este debate urge menos sesgo ideológico y más ciencia y razón. Escribir sobre el aborto y ni nombrar la realidad del ser humano que está en el vientre materno es injusto y sesgado.

Carta al Mercurio de +Fernando Chomali, Arzobispo de Concepción

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