Drones, micrófonos, microchips, satélites y cuantos adminículos existen para poder ejercer el oficio de espía se han utilizado durante años. Sin embargo, el uso de gatos con el propósito de investigar, en reuniones, es una de las ocurrencias más extravagantes en la historia de la CIA.

Gato Espia

Los sesenta fueron una década convulsionada, y en ese entonces, a finales del decenio, la CIA inició un proyecto de entrenamiento de gatos espías. El proyecto, según se describe en el libro “The Wizards of Langley: Inside the CIA’s Directorate of Science and Technology”, escrito por el ex-agente de la CIA, Victor Marchetti, se llamaba “Gatito Acústico”.

Los agentes pensaron que los gatos eran perfectos al pasar desapercibidos en cualquier dependencia. La idea, en un principio, se basaba en instalar un transmisor de tres cuartos de pulgada detrás del cuello de un gato, conectado por un delgado cable con un micrófono en el canal auditivo del mismo felino.

Primero se hizo una prueba en un parque público y el gato fue atropellado por un taxi, al ser sacado de la furgoneta en donde iban los agentes. Dicha noticia se hizo pública en 2001, cuando el Archivo de Seguridad Nacional desclasificó memorandos sobre la Ciencia y la Tecnología de la agencia.