Frente a la grave crisis de los incendios que nos afectan, está surgiendo públicamente el debate acerca de si la información que ha circulado en medios y redes sociales obedece a la verdad o estamos ante una expresión típica de la posverdad.

Es válido preguntarnos, entonces, ¿es verdad o posverdad lo que a través de WhatsApp, Twitter o Facebook se fue viralizando día a día respecto de la intencionalidad en el origen de los incendios? ¿Es verdad o posverdad lo que señaló el almirante(r) Jorge Arancibia en una entrevista radial, respecto de que los servicios de inteligencia en el país cuentan con la información de quienes están detrás de estos siniestros y de los incendios intencionales en La Araucanía? ¿Es verdad o posverdad la versión oficial respecto a que en el origen de esta crisis están involucrados pirómanos, personas negligentes y/o la naturaleza?

A lo largo del mes de enero, en que los focos incendiarios se multiplicaban día a día, el manejo de la información oficial fue raro, poco transparente, generándose la impresión en el país de que había ocultamiento de la verdad. Surgió entonces la sensación de que la verdad era la de las redes sociales, aquella emanada de las personas que físicamente estaban colaborando a combatir las llamas y que comentaban descubrimientos de material incendiario, de personas detenidas, de declaraciones violentas. O las de aquellas víctimas que directamente informaron que no se estaban quemando, sino que los estaban quemando, fría e intencionalmente.

Es por eso, entonces, que no podemos quedarnos simplemente elucubrando si las redes sociales se basaron en emitir comentarios falsos o crearon “verdades alternativas”, que es lo que ocurre en la posverdad. No podemos quedarnos tampoco con que la existencia de inteligencia con información clave para desbaratar posibles grupos subversivos es falaz, porque las dudas crecen. Ni tampoco debiéramos quedarnos con la sensación de que centrar el origen de los incendios en pirómanos, negligencia, empresas eléctricas o la naturaleza es solo un discurso políticamente correcto, para no crear temor ante una posible causal terrorista del pandemonio.

¿Ante qué estamos, entonces, verdad o posverdad? No lo sabemos realmente. Por ende, lo que debemos exigir después de que esto se extinga es que desde el Gobierno se informe al país cuál o cuáles han sido las verdaderas causas de esta verdadera tragedia; ya sea que hubo terrorismo, o piromanía, o negligencia, o causas de la naturaleza, o todas las anteriores. Pero también se nos debe informar y despejar la duda de si existe o no información disponible en los servicios de inteligencia sobre potenciales autores, porque además de estos incendios, están los provocados hace ya años en La Araucanía, problema ante el cual tampoco hay respuestas oficiales claras y se mantienen las dudas razonables.

Pero hasta ahora el Gobierno, en lugar de aclarar lo antes posible ante el país cuál o cuáles han sido las causas de estos incendios, ha optado por denunciar por difusión de información falsa a más de 40 personas, entre las cuales están Ramiro Plaza, presidente de los pequeños industriales de la madera del Maule; el empresario Juan Pablo Swett, por una errónea publicación en Twitter, de lo cual se excusó y dio explicaciones; y también el almirante Arancibia, por supuestamente tener en su poder información de inteligencia a la cual legalmente no tendría acceso.

Esto, que más bien suena a revanchismo político, no le devolverá la tranquilidad al país, porque los orígenes de los voraces incendios que aún no se terminan de controlar siguen siendo una gran incógnita. Incluso en el importante medio norteamericano The Wall Street Journal se publicó hace unos días un artículo en que se menciona la posible relación entre terrorismo y los incendios forestales recientes. Anteriormente, The Washington Times también publicó un artículo de similares características.

La falta de información aclaratoria y definitiva sobre lo sucedido genera incertidumbre no solo en Chile, sino también en el extranjero, lo que no es bueno ni para la convivencia interna ni para la imagen país. Es por eso que creo que mejor haría el Gobierno en dedicarse a aclarar las causas de estos siniestros en lugar de andar persiguiendo detractores, para que finalmente podamos saber en cuál verdad creer.  

 

Jaime Jankelevich, consultor de empresas para El Líbero

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