La noticia que el informe de productividad que acompaña a la tardía reforma previsional del gobierno prevé que el alza prevista de 5% de las cotizaciones puede significar una pérdida de hasta 394.000 empleos y una rebaja en el sueldo líquido cercana al 3%, se tomó la agenda. En una entrevista radial se consultó sobre esto a la Presidenta Michelle Bachelet, quien sorprendió al decir que “desconozco esos estudios, cuán serios son. Hoy día no tuve tiempo para leer el diario y no conozco el estudio en general”.

La Mandataria no solo desconocía el informe, que acompaña un proyecto de ley suyo, y puso en duda su seriedad, sino que ni siquiera se enteró por la prensa, como al menos ha sucedido con otros temas. Otras autoridades salieron en su auxilio y dijeron que si bien ella no tuvo acceso al informe, lo conocía en “su alma”. ¿Cómo hace una persona para desconocer en general un informe, pero a la vez conocer su alma? Difícil precisarlo.

Lo cierto es que desconocía totalmente las consecuencias de la reforma que se enviaba al Congreso. Pero eso tiene una explicación: simplemente porque no importan. ¿Cómo es eso posible? Porque se persiguen dos objetivos que las hacen secundarias. Por un lado, obtener un impacto político de cara a las elecciones al “sacar a la derecha al pizarrón”. Y que esto enturbie más el ambiente económico y social no es relevante; sí lo es aferrarse al poder. Por otro, hacer las reformas solo por darse la satisfacción ideológica de haberlas impulsado como legado político, sin que cuenten los detalles ni los costos de hacerlas, como sucedió con los cambios a la legislación laboral, tributaria y educacional. El fin es dejar el país más a la izquierda, lo que se piensa irreversible, y eso sí que se ve como un logro.

Pero hubo otra cosa sorprendente en la entrevista radial, ya que la Presidenta comparó su gobierno con el anterior del expresidente Sebastián Piñera, sentenciando que “cuando yo comparo lo que hemos hecho nosotros versus lo que él hizo en esas mismas áreas, nosotros lo hemos hecho mucho mejor”. Una desconexión total con la realidad, negándose a reconocer las derivaciones negativas que muchas de las políticas que ha emprendido han tenido sobre la inversión, que ha bajado persistentemente en los últimos cuatro años, el empleo real (los que más se crean son trabajos por “cuenta propia” o en servicios públicos) y el crecimiento económico. No en vano su aprobación como mandataria se ha desplomado, según todos los sondeos.

La pretensión de la Presidenta de haber tenido una mejor gestión será sometida a fines de año a un “test de audiencia”. Al comenzar su gobierno nadie pronosticaba que su antecesor sería su sucesor, como ahora sugieren las encuestas. Si acontece, habrá una sola causa y no es otra que el pobre desempeño de su administración. Ella podrá sostener lo que quiera, pero el público será el que decida.

/Blog de Axel Buchheister en La Tercera

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