Con las candidaturas ya inscritas, está claro que los ciudadanos que buscan una opción realmente distinta del actual gobierno solo tienen dos posibilidades: o Sebastián Piñera o José Antonio Kast.

Quienes sostienen que habría sido mucho mejor tener una sola opción, parten de la base de que la candidatura Piñera podría reunir los votos necesarios para triunfar por sí sola en una u otra vuelta. Creen que el ex Presidente concita tanta adhesión que habría sido mejor dejarlo correr sin competidores.

Grave error. Olvidan o ignoran todo el rechazo que suscitan sus opiniones sobre el pasado de Chile y sobre ciertos aspectos de la vida y de la familia.

Dos candidaturas distintas, Kast y Piñera, expresan de modo realista lo que verdaderamente pasa en la actual oposición: hay importantes desacuerdos y por eso ninguno puede obligar al otro a sumarse a una de las dos opciones. Ese es el hecho básico: Piñera y Kast son muy diferentes y, por eso mismo, sus partidarios han tenido un derecho equivalente a levantar las dos opciones; ambos grupos carecerían, por lo tanto, de legitimidad si le pidieran al otro que abandone su postulación. Es exigirle al vecino que deje su casa para poder comprarla a más bajo precio. No hay derecho.

A esa consideración elemental se agrega el hecho de que José Antonio Kast logra sumar votos. ¿Cuántos? Ni idea; pero todos son bienvenidos para derrotar a las izquierdas. Son votos de jóvenes, son votos de evangélicos, son votos de militares en retiro, son votos católicos provida y profamilia que, de no mediar su candidatura, habrían sido simples abstenciones o nulos. Matemáticamente, quizás eso habría sido poco relevante en la presidencial, pero ¿se ha olvidado que en paralelo se elige un Congreso?

Sebastián Piñera irá acompañado de su propia lista parlamentaria, mientras que José Antonio Kast decidió desde un comienzo que no levantaría candidatos propios al Congreso, de modo de potenciar en la lista única a quienes puedan defender mejor las ideas de una sociedad libre y responsable. Los votos por Kast, qué duda cabe, serán también votos por los candidatos más afines a su concepción política y moral en las listas de Chile Vamos.

¿Estamos en presencia entonces de dos candidaturas de derecha?

No. Esa terminología sirve de poco.

Lo que tenemos por delante es el comienzo de esa rearticulación que tantas veces hemos propuesto y que está cada día más cerca de concretarse: un polo liberal, una opción conservadora o republicana y una alternativa socialcristiana.

Ciertamente, las dos primeras tendencias tienen hoy en Piñera y en Kast a sus representaciones más evidentes. La del ex Presidente está mucho menos perfilada en sus contornos, sin duda, porque aún lo apoyan algunos sectores tradicionalmente conservadores y uno que otro socialcristiano. En ambos casos, incluso algunos jóvenes de esas tendencias han preferido la posibilidad de una diputación bajo el alero de Piñera, por sobre la coherencia doctrinal.

A su vez, la opción futura de los conservadores o republicanos dependerá en buena medida de la votación de Kast y de su capacidad de organización a partir de marzo próximo, cuando inicien su gestión para dar vida a un nuevo partido político.

Quienes se encuentran en la más paradojal situación en este momento son los socialcristianos. Perdieron, con la derrota de Ossandón, una opción real de influir, por escasa que haya sido la consistencia doctrinaria del candidato. Han visto también cómo varias de sus figuras jóvenes se cobijan dentro de los partidos más tradicionales, perdiendo identidad. Pero, al mismo tiempo, podrían abrir la puerta para aglutinar a todos los disponibles, una vez terminada la aventura Goic.

/Columna de Gonzalo Rojas para El Mercurio

/gap