“Me siento raro. Quiero llegar a mi casa y sentarme a tomar unos mates tranquilo y sacar conclusiones”, contó Germán Orellana, un vecino de Pico Truncado de 44 años que es inspector y trabaja en el equipo 252 de San Antonio Internacional que presta servicios para Y.P.F. S.A.

El avistaje, según relató, fue cerca de la 1:00 del pasado lunes entre las baterías 4 y 17. Era una noche estrellada, los equipos estaban parados y sólo se escuchaba el sonido de alguna bomba a la distancia.

“Venía lo que parecía una luz guía a la que seguían como ocho más. Aparecieron las luces y no se escuchaba nada. Volaban como sigilosamente y no muy rápido, hasta que se encontraron con el cañadón y con las luces de los equipos; todo duró muy pocos segundos. No tengo noción del tiempo, pero fue menos de un minuto, seguro”, comentó.

Agregó: “me costaba creerlo. No quise decirle nada a mis amigos hasta bajar las fotos en la computadora”

“Estábamos en el tráiler con mi compañero y había parte de los dos equipos adentro recibiendo directivas uno del otro y de pronto veo en mi celular que tenía dos llamadas perdidas de mi papá, y por la hora que era, me preocupé. Como no tenemos señal en el Cañadón, para poder tenerla subimos a un cerro y estaba hablando con mi viejo cuando primero vi dos luces que aparecían y desaparecían por entre el cerro del cañadón y no le di importancia, pero de pronto empezaron a aparecer más luces que dejaban como un anillo rojizo. No sé muy bien explicarlo; trepaban y bajaban como suspendidas” y “no volaban muy rápido. Era como que se acercaban sigilosamente”.

“Ahí les presté atención, eran como nueve cosas que volaban y una que iba adelante era la que las guiaba. Venían volando parejito y cuando estaban a unos 100 o 200 metros del equipo, hicieron una especie de S o diagonal para no chocar al paredón”, amplió Germán.

“Ni se me ocurrió ni tuve tiempo tampoco. Sólo tiré para sacar una foto de lo que estaba viendo y la cámara gatilló varias veces”, contó el trabajador petrolero.

Dijo que las supuestas naves desaparecieron como en dirección a Sarmiento. “Me sentía muy raro. Estaba contento y asustado a la vez; tenía unas sensaciones que no podría explicar. Estuve como quince minutos en el lugar. Me fumé dos cigarrillos y luego bajé el cerro pensando. Llegué al tráiler y no quise contarle nada ni a mi compañero ni a los demás que se encontraban ahí. Sólo quería saber qué cosas quedaron captadas de lo que yo había visto. Cuando las bajé a la computadora y vi algunas, recién me animé a contarles a todos. Fue algo único”.

Esa noche, Germán no durmió. Esperó a que amanezca y con el cielo claro sacó en el cerro nuevas fotos en las que sólo se veían equipos, tráiler y vehículos petroleros en medio del cañadón con y el cielo casi limpio, apenas con algunas nubes.

Orellana aún permanece en el yacimiento ya que trabaja full time cada 14 días y recién bajará a la ciudad el 5 de septiembre.

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