“La economía puede seguir creciendo en paralelo al cuidado del entorno” (Bachelet). “Algunos no tienen el crecimiento entre sus prioridades” (Valdés). Con estas dos frases quedó sellado el ciclo del anterior equipo encargado de conducir la economía del país y que encabezaba el ahora exministro de Hacienda. Porque la Presidenta se abanderizó por su ministro del Medio Ambiente, Marcelo Mena, en la polémica pública con el subsecretario de Hacienda, Alejandro Micco.

Polémica a la que se sumó el ministro de Economía, Luis Felipe Céspedes, quien al retirarse de la sala sin votar el proyecto Dominga, por falta de información, daba también un paso al costado y se despedía de La Moneda.

La sorpresa vino poco después, cuando su sucesor, Jorge Rodríguez Grossi, en su primera declaración como ministro, asegura que “el proyecto Dominga no está cerrado”. Y la inmediata respuesta de la ministra Narváez, al estilo de la doctora Polo: “Caso Cerrado”. En resumen, una verdadera bolsa de gatos que sólo ha servido para que los indecisos se den cuenta de las profundas diferencias existentes al interior de La Moneda, entre los que están por el crecimiento (que es lo que corresponde) y los que siguen a ultranza su ideología de izquierda, partiendo por la propia Presidenta.

Lo más preocupante es que el nuevo equipo económico, en un plazo de apenas cuatro meses, tiene la responsabilidad de sacar adelante un centenar de proyectos que se están tramitando, entre ellos, nada menos que la Ley de Presupuesto 2018. Lo que hagan entonces Eyzaguirre y su gente es de importancia vital para el futuro gobierno, sea de la línea que sea, porque se van a encontrar con un crecimiento paupérrimo del 1,2% (el menor en 30 años de democracia) y con un déficit fiscal que es inversamente proporcional, pues es el mayor que registran nuestras arcas desde el retorno a la democracia. Esto, sin considerar, el daño político que sigue acrecentándose, porque Rodríguez Grossi es DC y por lo mismo, suponemos que al asumir una cartera tan importante como es Economía lo hace a título personal y sin contar con el respalda de su partido, que por algo lleva lista presidencial y parlamentaria diferenciada con la Nueva Mayoría. Algo que puede costarle muy caro a la DC en las elecciones de noviembre.

Resumiendo y a la luz de los hechos, todo parece darle la razón a quienes piensan que lo que Chile necesita no es un cambio de gabinete, sino que derechamente lo que urge es un cambio de gobierno.

Columna de Waldo Mora Longa, Exintendente Regiónal para El Mercurio de Antofagasta

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