Con las celebraciones “dieciocheras” de este mes a menos de una semana, no existe asado, fonda, almuerzo entre los compañeros de oficina o simplemente una reunión familiar de Fiestas Patrias donde no estén presentes las tradicionales empanadas de pino, preparación que se ha transformado en un invitado más e infaltable dentro de estas fechas y que representa más del 70% de las empanadas que se comercializan durante todo el mes de septiembre.

Si bien este producto ya se ha transformado en un clásico de la gastronomía nacional, que pareciera haber perdido su tradicional estacionalidad pues se consumen miles de unidades durante todos los meses del año, la llegada del próximo fin de semana largo que se extenderá por cuatro días en esta oportunidad, desata un verdadero boom en su consumo, demanda que según algunos de sus productores más reconocidos y tradicionales de la capital, incluso puede triplicarse frente a las ventas registradas durante un mes normal.

Los pedidos durante la semana previa a los festejos e, incluso, aún más en la antesala del 18 y 19 de septiembre llegan a tales dimensiones que la mayoría de las “empanaderías” o fábricas de masas que por estos meses concentran su producción en esta tarea, deben contratar a más personal, teniendo a casi 50 trabajadores abocados a satisfacer los numerosos pedidos, que pueden llegar con semanas de anticipación y que superan en muchos casos las cien unidades (en especial para las celebraciones en empresas).

Pino al alza

Todos resultarían beneficiados por este aumento en la demanda, si no fuera por la evidente subida de precio que ha tenido esta variedad de empanadas durante los últimos años. Según cálculos de Economía y Negocios, en base a los precios de las diez mejores empanadas, elaborado por Wikén este 2017, en promedio, una empanada de pino cuesta por estos días $ 1.567 la unidad, mientras que hace solo cinco años, las diez empanadas reconocidas por el mismo ránking costaban en promedio solo $ 1.021; es decir, $ 1.208, ajustado por inflación.

De esta manera, en solo cinco años los valores de esta preparación se han incrementado un 29,7% en promedio, diferencia que se mantiene si se compara entre dos de los locales destacados en las mediciones de 2012 y de este año, donde las diferencias son de 23,1% y 22,8%. En diez años los números son aún más alarmantes, con un incremento de 64% en el costo de una empanada de pino, la que superaba por poco los $ 1.200 por unidad en 2006.

La única buena noticia para los compradores en el marco de todas estas alzas, es que entre septiembre de 2016 y el mismo mes de este año, la variación en el precio de los diez productos destacados por Wikén casi no registra variación alguna. Teniendo en consideración los valores de hace doce meses, actualizados por inflación, la diferencia entre ambos promedios es de solo $ 25, lo que significa una escalada casi imperceptible de 1,9%.

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