Soy cristiano, católico observante, independiente, exmiembro de las Fuerzas Armadas, lo que no es óbice para tener una visión del acontecer político como ciudadano. No voté por la actual mandataria, critico su gobierno, soy contrario a la ley de aborto y del matrimonio igualitario. Sin perjuicio de ello, considero que los insultos que recibió la Presidente de la República cuando se le rendían los honores correspondientes, constituyen una ofensa gratuita que en nada contribuyen a la paz y a la búsqueda de la anhelada reconciliación, como tampoco los desórdenes sociales en el Cementerio General que se ha hecho rutinario cada 11 de septiembre.

Respecto del Te Deum evangélico, repudio que un acto republicano con la presencia de la Jefe de Estado y las principales autoridades de la República, sea utilizado con fines políticos. Es un acto de dar gracias a Dios. No se puede invitar a las autoridades y en especial a quien desempeña el cargo de Presidente de la República para exponer temas que ya han sido zanjados por las instancias democráticas, nos guste o no. No cabe duda que los organizadores del acto son responsables de este bochornoso incidente, al dar tribuna a un candidato a diputado, independiente que sea miembro de esa iglesia y al no evitar las manifestaciones de apoyo que se dieron. No escapan a esta responsabilidad los asesores de la mandataria, quien a mi juicio debió haberse retirado de la ceremonia. La Catedral Evangélica es un templo y no una tribuna política.

Carta de Fernando Hormazábal Díaz al diario La Tercera

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