Veintiocho días después, Londres está desierto, pero sólo en apariencia; hordas de infectados por el virus de la ira rondan las calles, mientras los escasos humanos no infectados buscan protección en pequeños grupos que tratarán de escapar del apocalipsis hacia regiones libres de la contaminación biológica.

Éste era el argumento de la película de Danny Boyle sobre un guión de Alex Garland, cuyo éxito internacional en 2002 inspiró cinco años más tarde la secuela 28 semanas después, dirigida por el español Juan Carlos Fresnadillo. Lo que parece se convertirá finalmente en trilogía es ya un clásico para los apasionados de un subgénero que se ha prodigado en el cine, la televisión, los videojuegos, la novela, el cómic y casi cualquier otra expresión cultural. Y pese a que los ejemplos son casi infinitos, la serie 28 aportaba una novedad: una cronología.

Pero ¿hasta qué punto las películas de zombis son creíbles? De acuerdo: en la vida real los muertos no vuelven a la vida, así que la premisa inicial del género descarta cualquier atisbo de verosimilitud. ¿O no? De hecho, en ocasiones éste es un detalle menor: en 28, los zombis son víctimas de un brote viral rápido y devastador, pero siguen vivos y coleando. Boyle se inspiró en algunos de los síntomas del ébola y la rabia para dar no-muerte a sus monstruos.

273 HUMANOS CONTRA 273 MILLONES DE ZOMBIS

Tratando el caso de los zombis como una epidemia más, se puede estimar hasta qué punto películas como 28 retratan fielmente su evolución. Y los científicos no se han resistido a hacer los cálculos. Un grupo de estudiantes de física de la Universidad de Leicester (Reino Unido) ha aplicado a este caso un modelo matemático epidemiológico denominado SIR, siglas de Susceptible-Infectado-Recuperado, los tres estados sucesivos por los que pasan los afectados.

El modelo, adaptado por los estudiantes como SZD (siglas en inglés de Susceptible-Zombi-Muerto), requiere fijar algunos parámetros. Los autores han cifrado las posibilidades de contagio durante un encuentro en un 90% (cada día y para cada zombi), más o menos el doble que la peste; la vida media de un zombi es de 20 días antes de morir de hambre y sed; y deben acumularse 100.000 zombis en una región antes de invadir la siguiente.

Con estos datos, las esperanzas son nulas: en el mejor de los casos, a los 60 días del inicio del brote con un solo infectado la población mundial ha sido prácticamente aniquilada, con los zombis casi alcanzando los 4.000 millones. Aunque el número de zombis también comienza a decaer a partir de entonces, a los cien días ya sólo queda un máximo de 273 personas sin infectar en todo el mundo, superadas por los zombis en una proporción de un millón a uno.

Sin embargo, no todo está perdido. En un segundo estudio, los autores refinan el modelo modificando algunos factores. En el caso anterior no se tenía en cuenta la posibilidad de que los no infectados liquiden a los zombis, y la probabilidad constante de infección es poco realista, ya que a medida que se reduce la población sana disminuye la frecuencia de encuentros. Además, los no infectados también pueden aumentar su población teniendo hijos. Por último, y para equilibrar un poco las cosas, los autores amplían la vida media de los zombis a un año. Introduciendo todos estos factores en el modelo, también la humanidad resulta esquilmada, pero a los 1.000 días los zombis prácticamente han desaparecido, y a los 10.000 días (algo más de 27 años) la población ha remontado hasta casi 500 millones de habitantes.

AMENAZAS REALES

Estos dos estudios, publicados en la revista de la Universidad de Leicester Journal of Physics Special Topics, no son los primeros que analizan la evolución de una hipotética pandemia zombi. En noviembre de 2015, un equipo de investigadores de la Universidad de Cornell publicó en la revista Physical Review E el desarrollo de un modelo más sofisticado y completo, aplicado al territorio de EEUU. La simulación está disponible en internet para cualquier usuario que tenga la apetencia de desencadenar una invasión zombi desde su ordenador.

Suponiendo que el brote afecta a una persona de cada millón, la mayoría de la población de EEUU cae en la primera semana; pero ciertas zonas remotas del medio oeste en estados como Montana y Nevada se mantienen libres de zombis, incluso pasados los 28 días. Según explica a EL ESPAÑOL el coautor del estudio Chris Myers, físico de la Universidad de Cornell, su modelo tiene en cuenta que el cambio de estado de zombi a muerto requiere una interacción del primero con un humano que le corta la cabeza; esto, añade, recuerda a infecciones reales como el ébola, en las que la transición de infectado a recuperado requiere la intervención de personal sanitario que a su vez puede contagiarse, o convertirse en zombis. “Quizá habiendo contribuido un poco a entender la dinámica de estas invasiones podamos ayudar a su comprensión”, dice Myers.

Los antecedentes de la investigación científica de las epidemias de zombis se remontan más atrás, a 2009, con el estudio publicado en la revista Infectious Disease Modelling Research Progress bajo la dirección del matemático y epidemiólogo de la Universidad de Ottawa (Canadá) Robert Smith?, que añadió el signo de interrogación a su apellido para diferenciarse de “ese tipo de The Cure”.

Smith? ha diseñado modelos para numerosas infecciones, desde el ébola hasta la enfermedad de las vacas locas, pero también para los zombis, o para lo que ha denominado “la enfermedad más infecciosa de nuestra época”: la fiebre Bieber, por Justin. Para el matemático, todos estos casos contribuyen a mejorar las predicciones sobre epidemias más reales y serias. “Uno de los ejemplos más claros es el ébola, ya que los muertos son de de hecho infecciosos”, apunta Smith? a EL ESPAÑOL. “No caminan por ahí tratando de morderte, pero portan la enfermedad, así que debemos incluirlos también en nuestros modelos. Es aquí donde la modelización zombi ha sido muy útil”, añade.

Pero Smith? no se limita a mover sus plagas en las tripas de un ordenador. “Los juegos de rol de zombis con acción real en el campus nos han ayudado a aprender más sobre las tasas de transmisión cuando la gente interactúa con individuos infectados, algo que normalmente es difícil de observar”, dice. “La modelización es un tema muy amplio, así que todo esto te permite examinar un fenómeno a diferentes escalas”.

LA HUMANIDAD SOBREVIVIRÁ, PERO TÚ NO

Así pues, simular epidemias de zombis es mucho más que un divertimento. Casos recientes como el del ébola o el zika nos recuerdan que no estamos a salvo de la invasión de patógenos emergentes, un riesgo que según los expertos pueden ir en aumento en las próximas décadas. Y aunque por fortuna hoy no es previsible que un virus cause la extinción de la humanidad, no está de más ponerse en el peor de los casos, como el de la ficción de zombis favorita de Smith?, Guerra Mundial Z; “el libro, no la película”, aclara. “Aborda las implicaciones reales de vivir en un mundo donde la sociedad se ha colapsado; por ejemplo, los recursos como las balas o el petróleo rápidamente se vuelven muy escasos”.

Pero incluso si llegara el peor de los escenarios, Smith? se muestra optimista: “como especie, probablemente sobreviviremos”. El experto recuerda que el ser humano ya ha superado cuellos de botella en el pasado. Probablemente, dice, surgiría alguna mutación espontánea de resistencia al virus zombi, llámese como se llame, y esa ventaja acabaría originando una nueva población inmune. “Ése sería el fin de los zombis”, afirma.

Pero esto se refiere a la humanidad en general. Otra cosa es la suerte que correríamos cada uno de nosotros. Y aquí la apuesta de Smith? es mucho menos halagüeña: “la mayoría de la gente se imagina entre los supervivientes que luchan contra los zombis, porque nos gusta imaginar que tenemos el control”, dice. “Pero por simple cuestión de probabilidad, no lo serás. Casi con seguridad serás uno de los primeros zombis”.

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