Las encuestas sitúan al ex Presidente Sebastián Piñera con la primera opción para alzarse  con el triunfo en las próximas elecciones presidenciales.

Entre los factores que influirían en esta sensación de triunfalismo, se encontrarían el desorden y división de la centroizquierda y la unidad de la coalición que apoya a Piñera.

Sin embargo, esa unidad que hoy muestran las fuerzas políticas que apoyan al ex mandatario, al parecer, no es producto de una profunda madurez y convicción política, sino más  bien, de los dictados de la “RealPolitik”. En el mundo real de las alianzas políticas, no existe factor más poderoso de unidad que la posibilidad de un triunfo electoral.

La historia muestra una y otra vez que, alcanzada la victoria, comienzan nuevamente a manifestarse las corrientes subterráneas de los distintos sectores que conforman una coalición electoral, y temas como la dirección que se quiere dar al gobierno, las prioridades legislativas de este, la distribución de cuota de poder, y otras tantas materias, comienzan a ser escenario de duras luchas de poder.

En el actual escenario de la centroderecha, la pregunta es ¿cuáles son esas corrientes subterráneas que se manifestaran después de un eventual triunfo electoral de Sebastian Piñera?

El factor José Antonio Kast, será una de esas corrientes subterráneas que se manifestaran con más fuerza después de las elecciones presidenciales, toda vez que, dependiendo de la votación que obtenga la candidatura del ex diputado UDI, se abre o no la posibilidad de formar un futuro movimiento político que aglutine a los sectores más tradicionales de la centroderecha.

Lo anterior se hace viable, toda vez que con el nuevo sistema electoral, con solo el 10% de los votos se tiene la posibilidad real de constituir una bancada parlamentaria con influencia, y servir de eventual refugio para aquellos parlamentarios que el día de mañana se sientan desafectos con el rumbo del gobierno de Piñera.

Será por tanto, una amenaza constante no solo para la unidad del futuro Gobierno, sino también para los planes futuros del sector, si lo que se pretende realmente es proyectar por 8 años o más un Gobierno de centroderecha.

El factor Pablo Longueira. El otro factor es Pablo Longueira, quién estaría sosteniendo una serie de conversaciones con figuras de la ex Concertación y de Chile Vamos, así como del mundo empresarial, con el fin de crear un nuevo movimiento político que “rescate” los principios que defendió la Concertación durante sus cuatro gobiernos y que, a ojos de Longueira, continuaron durante el primer gobierno de Piñera.

El análisis del ex senador apunta a que la centroderecha debe reemplazar a la ex Concertación y para ello ampliarse hacia el centro político, aprovechando el espacio que ha generado el giro a la izquierda de la Nueva Mayoría.

La apuesta de Longueira iría encaminada a lograr una mayoría electoral permanente, con un énfasis exclusivo en materias económico-institucionales, intentando así aglutinar a la Democracia Cristiana y a un sector más tradicional del Lagismo, que se vio prácticamente expulsado de la actual Nueva Mayoría con el portazo a las aspiraciones presidenciales ex Presidente Ricardo Lagos .

Lo anterior, sin duda que generaría conflictos con los actuales miembros de Chile Vamos, especialmente RN y la UDI, toda vez que implicaría frenar las aspiraciones de influencia de ambos partidos (que según los últimos análisis electorales obtendrán las bancadas mas numerosas de parlamentarias en las próximas elecciones), lo cual entraría en abierto conflicto con la intención de sumar más comensales a la mesa que tome las decisiones, más todavía si estos pretenden entrar en igualdad de condiciones.

El factor Harald Beyer. Si bien el actual director del Centro de Estudios Públicos (CEP), no esta organizando un movimiento o partido político ni mucho menos, sus palabras en una reciente entrevista en el diario La Tercera, reflejan el sentir de un sector importante de la centroderecha que se identifica plenamente con el mundo liberal, tanto económico como moral, y que en un nuevo Gobierno de Piñera ven la posibilidad, por fin, de salir de las “catacumbas” en que se han visto relegados en las últimas décadas dentro de la centroderecha.

En dicha entrevista Bayer señaló que: “Las derechas modernas apelan a la igualdad de derechos”, sosteniendo que la centroderecha debe modernizarse, principalmente a través de la denominada agenda valórica que incluye el aborto y el matrimonio igualitario, agregando que si un futuro gobierno del sector pretende proyectarse a ocho años, debe enarbolar dichas banderas para “crecer políticamente”. Dicho camino, señaló “debería iniciarlo el ex presidente Sebastián Piñera” y advirtiendo que el ex mandatario “no tiene que ser rehén de los sectores más duros”.

Harald Bayer manifestó además, su preocupación por el hecho de que Piñera ha mostrado un “discurso confuso porque hay una intención de movilizar a su electorado duro, y eso se nota en el mensaje, pero él tiene una vocación más de centro y eso de repente se le escapa. Esto genera una tensión en la coalición, nada grave hasta ahora, pero desde el punto de vista de la proyección de su gobierno, esa apuesta es riesgosa”, agregando que, “Si Piñera quiere proyectar su gobierno, tiene que sumar. Pensemos que se genere tal tensión en el gobierno y que los sectores más duros levantan una candidatura, el escenario político -por lo que dije antes- no es favorable para ese tipo de aventuras políticas. No hay mucha fuerza ahí, porque hay transformaciones culturales, sociales, bastante profundas y eso hace pensar que el votante futuro de la derecha va a privilegiar candidatos más moderados. La tensión podría producirse, pero él debería ignorarla si es que su intención es proyectar el gobierno.”

¿Contigo pan y cebolla?

Así las cosas, el viejo dicho “Contigo pan y cebolla”, que manifestaría ese amor incondicional a pesar de las adversidades futuras, parece no aplicarse en un futuro segundo Gobierno de Sebastián Piñera.

A diferencia del 2010, en donde la ansiedad de ser el primer Gobierno de centroderecha electo democráticamente en los últimos 40 años, ayudó a ordenar las tensiones dentro de las fuerzas que constituían el Gobierno, la experiencia de un nuevo mandato 2018-2022, será guiada por otro tipo de ansiedades, entre ellas, la de no repetir la experiencia de la humillante derrota electoral de 2013, que hizo del primer Gobierno del sector, un mero ejercicio de debut y despedida.

Si a dicha ansiedad base, sumamos el hecho de que el nuevo sistema electoral y de financiamiento público permite a los partidos políticos no depender de vida o muerte del Gobierno, sino que les facilita una subsistencia con menores exigencias electorales y de recursos, tendremos que las corrientes subterráneas que hemos mencionado tendrán una posición menos flexible a las indicaciones del Ejecutivo, lo que amenaza con convertir un futuro Gobierno de centroderecha en un enorme desafío político para el ex mandatario Sebastián Piñera, debido a que los actores estarán mas preocupados de como se organizará la centroderecha en los próximos cincuenta años, y un segundo mandato del sector para el 2022-2026 (con el cambio del escenario político dado por el nuevo sistema electoral y el surgimiento de una nueva izquierda extra Nueva Mayoría), que del éxito inmediato del Gobierno, lo cual sin duda le traerá más de un dolor de cabeza al eventual nuevo Presidente de la República y lo obligara a tomar esas decisiones de fondo que todo Gobierno siempre intenta postergar.

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