Beatriz Sánchez, candidata presidencial, se negó a participar en un programa periodístico de Canal 13 simplemente porque yo soy uno de los seis miembros del programa. Según ella, un país “decente” no puede tener en la TV a quien fue ministro en el régimen militar. De paso, por el mismo expediente, y que yo considero realmente fuerte, es que de esa manera califica de indecentes al Canal 13, al diario La Tercera, la radio Agricultura, y a la Revista Capital, que son medios en los que actualmente participo.

También debe ser indecente para ella Chilevisión, que me tuvo en Tolerancia Cero por tres años, o Mega también. Ni hablar la implicancia a muchos otros medios diversos que me han entrevistado desde 1990, que también pasarían a ser indecentes, partiendo por TVN, donde he ido muchas veces.

También probablemente serían indecentes para Sánchez la Universidad de Chile y la UAI donde hice clases después del 90. Quizá el Estado, en su lógica, debió prohibir la formación de La Red (a mi cargo) donde ella trabajó. A todo evento no puedo sino agradecerle la tremenda importancia nacional que me ha asignado, pero que nuevamente representa un mal diagnóstico.

Para la opinión general sobre este asunto, al parecer, simplemente no se atrevió a ir al programa, al que curiosamente han asistido los máximos dirigentes del Frente Amplio, varios PC y de otros partidos de izquierda, con quienes ha habido siempre una discusión respetuosa. Hasta Artés participó en el programa.

La Sra. Sánchez se instala ahora a sí misma, y por sí misma, como una nueva versión histórica de la gran inquisidora. Ella acusa y juzga por sí misma. Ella decide quién es bueno o malo, o decente e indecente. Ella es al parecer la única poseedora de la verdad, también por cierto de lo que “realmente” fue la historia del país. Ella es quien determina la ética en la sociedad, y no la ley como ocurre en un estado de derecho. Y cree tener derecho a censura.

Si eventualmente gobernara, obviamente no podría hacerlo para todos, ya que al 44% de la población que votó por el Sí, ella ni siquiera le hablaría, es decir, casi la mitad del país. Grave problema tendría en el Congreso con muchos parlamentarios a quienes tampoco les hablaría. Me imagino que nunca dará entrevistas a El Mercurio, El Líbero, El Muro,  o La Segunda, entre muchos otros. Seguramente debe detestar profundamente a la DC que apoyó el golpe. Ni hablar de conversar con algún uniformado de más de 50 años. Me imagino que consecuentemente a sus principios, de inmediato rompería relaciones diplomáticas con Cuba, Corea del Norte, Siria, Venezuela, varios países africanos y otros. Amigos, así no se construye un país. De alguna manera me recuerda a Maduro cerrando y sancionando medios.

La Sra. Sánchez está decididamente anclada en el pasado. Sigue en la polaridad del Sí y el No. Es interesante recordar que alemanes y franceses que se odiaban en la guerra, volvieron a ser amigos. Colombia se pone de acuerdo con las Farc, que raptaba y mataba. Americanos y japoneses, con una guerra y bombas nucleares de por medio, son hoy aliados. Trump es amigo de Putin. Los chinos se hacen capitalistas y suma y sigue. Pero Sánchez sigue con la misma odiosidad taxativa que ya reventó al país en el pasado. Lo que llama “sus ideas” son slogans de hace 60 años, al menos lo que se apreció cuando tuvo que hablar de ciencia y tecnología.

Más allá de que sus comentarios se refieren a mí, creo que se equivocó severamente en esta oportunidad. Se mostró muy inmadura, y mostró una vena profundamente antidemocrática. No hace honor a su profesión de periodista.

Si no se atrevió a ir al programa, debió inventar una mejor excusa. Quizás recapacite, ofrezca una excusa, y decida ir al canal que llamó indecente. Yo por cierto estaré ahí para debatir ideas (no acusaciones o descalificaciones) con el respeto que merece la audiencia y la elección en curso.

/Blog de Sergio Melnick para el diario La Tercera

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