No pocos hinchas de Universidad de Chile sintieron que el Jorge Sampaoli de hoy, el que vio como Argentina sufría su mayor derrota en medio siglo de mundiales, ya no era el de antes. Y en efecto, el casildense ha sufrido una verdadera mutación luego de que dejó nuestro país en 2016. Y no solo por cambiar los buzos por trajes ajustados.

Fue su último año, con la selección albiceleste, el que desató los cambios estéticos. Una sábana de tatuajes decora sus dos brazos, liderados por una bandera argentina, la carátula de un disco de Los Redondos y la letra de una canción de su banda favorita, Callejeros: “No escucho y sigo, porque mucho de lo que está prohibido me hace vivir”.

No es la única novedad desde el punto de vista de la imagen. Otro aspecto que llama la atención es la ausencia de arrugas en su cara, sumamente tersa para una persona de 58 años y que mientras estaba en Chile ya mostraba los respetados signos de la edad.

El recuerdo del “Hombrecito” de Casilda, como le decían irónicamente los peruanos durante sus inicios en Sport Boys, ha quedado definitivamente en el olvido. Hasta la sonrisa triunfadora de Universidad de Chile y la selección chilena parece esfumarse en el recuerdo.

Otra señal del giro en su exitosa carrera, que vive hoy su momento más comprometido justo cuando Sampaoli aspiraba al máximo reconocimiento: ser campeón del mundo con la selección de su país.

gap