El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aterrizó el miércoles en Las Vegas para encontrarse con víctimas, personal de emergencias y policías que vivieron la tragedia del pasado domingo.

Es el cuarto viaje que Trump hace al lugar de una emergencia, tras Houston, Miami y Puerto Rico.

Pero lo que pasó en Las Vegas no es un huracán. Es el mayor tiroteo de la historia de Estados Unidos, un suceso que vuelve a poner el foco sobre uno de los temas más incómodos de la política de este país, el control de armas.

Preguntado por la cuestión en la primera oportunidad que hubo, Trump contestó: “No vamos a hablar hoy de la violencia de las armas”.

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