La ciencia posee explicaciones a casi todo lo que ocurre en la sexualidad. Así lo asegura Pere Estupinyà en su nueva obra, La Ciencia del Sexo, en la que explica cosas del sexo que nunca antes habíamos oído a partir de historias servidas con el lenguaje sencillo por un científico a quien no le gusta “tratar a la ciencia de usted”.

Para ello, Estupinyà ha vuelto a meterse en el papel de Ladrón de cerebros que adoptó tras su paso por el prestigioso Programa de Periodismo Científico del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), que consiste en adentrarse en las mentes de los científicos más brillantes y compartir con el resto de los mortales lo que hay dentro de ellas. La idea de este libro surgió de lo que Estupinyà define como ‘rascar donde no pica’: “indagar en aquellos temas por los que inicialmente no sientes curiosidad para lograr despertarla”.

Genéticamente infieles

En su obra, Estupinyà explica que los científicos pueden prever si dos personas que se conocen formarán una pareja estable observando su actividad cerebral, que hay genes específicos asociados a la infidelidad o que las posibilidades de ligar son más altas si tanto chico o chica salen acompañados de una amiga. También enseña que nuestro comportamiento sexual está dominado por hormonas como la dopamina, la serotonima, las endocrinas o la noradrenalina.
Ellas son las culpables de que un beso de amor nos relaje cuando estamos estresados o de que una mujer se vea mucho más atractiva y despierte más interés en la segunda semana del ciclo, cuando tiene los estrógenos por las nubes que si estuviera en una base con altos niveles de progesterona. La ciencia ha encontrado respuesta a casi todo lo que nos pasa con el sexo: así, si una mujer difícilmente alcanza el orgasmo durante el coito puede ser debido a que tenga el clítoris muy separado de la vagina, mientras que gatillazos y eyaculación precoz suelen deberse a que los nervios y el estrés ante la excitación pueden bloquearla. También que la mayoría de parejas sadomasoquistas tienen mejor comunicación entre ellos que las convencionales, o que frecuentar locales de intercambio de pareja suele ser enriquecedor para quienes lo practican. A Estupinyà otra de las cosas que más le ha llamado la atención ha sido cómo los hombres que practican sexo tántrico alcanzan orgasmos sin eyaculación, las mujeres que llegan al mismo a través del deporte, o los discapacitados que sienten deseo a pesar de haber perdido la sensibilidad en sus genitales.

Enamorarse aporta felicidad

También hay un consenso en torno a la más clásica de las cuestiones: “el enamoramiento correspondido es el estado de máxima felicidad, bienestar emocional y salud física”. Esto es así porque el vínculo con la persona amada nos hace generar en grandes dosis una embaucadora hormona llamada dopamina, que logra que solo pensar en que vamos a verla nos produzca bienestar y motivación, mientras que estar con ella nos cause una absoluta revolución. Aún así, el autor considera que en la ciencia del sexo “casi todo está por descubrir”, y cree que algunas de las áreas en las que hay más desconocimiento son la de los efectos secundarios relacionados con el sexo en los medicamentos, el desarrollo sexual del niño o los procesos que hacen que un pedófilo que convierta en pederasta.

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