Cualquiera que sea nuestro juicio respecto de la posición que el gobierno originalmente adoptó en torno a la aplicación de la ley antiterrorista, para los graves hechos que se sucedieron en La Araucanía, podremos todos convenir que resulta muy poco serio, por no decir incomprensible, que el mismo Ejecutivo cambie sin mayores fundamentos esa decisión, contribuyendo todavía más a la confusión e incertidumbre. Y eso es, creo yo, lo que terminó por aburrir al subsecretario del Interior.

Pero tratándose de este particular funcionario público, la situación pudiera ser todavía más grave. Aleuy no solo se convirtió en uno de los colaboradores más leales al gobierno y a la Presidenta Bachelet, sino que mostró un desempeño y eficacia en el cumplimiento de sus funciones que ha estado muy por encima de lo exhibido por esta administración. Lo ha hecho, además, de manera sobria y republicana, alejándose de los reconocimientos y el exhibicionismo tan habituales en otras autoridades, subordinando el interés de muchas personas, grupos y partidos -y para qué decir del propio- a los del Estado y el buen funcionamiento del gobierno.

Francisco García, nombre con el que lo conocieron muchos en sus años de militancia de la Izquierda Cristiana durante la dictadura, ha sido además un permanente nexo entre esos dos mundos de la centroizquierda; generando siempre puentes, facilitando diálogos, e intentando aunar voluntades para dar continuidad y solvencia a una cultura política que ha sido muy importante en la historia del país en estas últimas tres décadas. En ese trabajo silencioso y a ratos ingrato, cuya importancia no siempre es percibida por la opinión pública, los más cercanos a la gestión de Aleuy también podrán dar cuenta de las muchas veces que le tocó liderar y coordinar decisiones con las cuales no siempre estuvo de acuerdo, pero donde el imperativo de la consistencia y coherencia en la gestión estatal y política exigió una voz de orden y certezas de cómo proceder; reconociendo y protegiendo siempre la dignidad y autoridad presidencial.

Y quizás por todo esto, es que lo sucedido no solo fue muy injusto, sino también triste. Creo que la desazón que probablemente embarga al subsecretario del Interior, poco tiene que ver con su propia posición o la circunstancia de haberse operado este cambio de decisión mientras él se encontraba fuera de Chile; de hecho, esos son costos personales menores en comparación a los otros que ya ha tenido que pagar en el ejercicio de este cargo. Lo que debe dolerle más es que el fondo de lo ocurrido y sus futuras consecuencias, es justamente lo que él siempre ha tratado de evitar en el ejercicio de su cargo.

Por el país y el gobierno, e incluso contra el interés personal y familiar del propio Aleuy, es que espero vuelva a su cargo, y ojalá lo haga pronto.

/Blog de Jorge Navarrete para La Tercera

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