Han concluido que los circuitos de recompensa de la dopamina funcionan de modo distinto en ellos y en ellas

En el Origen del Hombre Charles Darwin escribió que las «mujeres parecen tener una disposición mental distinta a la de los hombres, porque principalmente muestran más sensibilidad y menos egoísmo». Esto podría discutirse. Podría argumentarse que las posibles diferencias entre hombres y mujeres pueden deberse a la biología, pero también a la cultura y a la educación recibida, más cuando Darwin escribió su obra magna el seno de una sociedad profundamente machista.

Sin embargo, un estudio publicado recientemente en la revista «Nature Human Behaviour» ha asegurado que hay pruebas de que, en efecto, hay diferencias biológicas en el cerebro de hombres y mujeres que llevan a que ellas tiendan a ser menos egoístas. Investigadores de la Universidad de Zúrich han asegurado que el sistema de recompensa de ellas está «cableado» de un modo que fomenta más los comportamientos altruistas y prosociales.

«Se considera que mujeres y hombres se comportan de forma diferente, pero aún no se sabía por qué y si tenía que ver o no con diferencias en el cerebro», ha dicho en The Guardian Philippe Tobler, profesor de neuroeconomía y neurociencia social y coautor del estudio.

En esta ocasión, su estudio ha concluido que las recompensas químicas ante comportamientos generosos son más potentes en los cerebros de las mujeres que en los de los hombres.

Sin embargo, los propios investigadores han destacado que esto no permite concluir si estas diferencias encontradas son innatas, es decir, si están programadas en los genes, o si por el contrario son resultado de la influencia social y cultural sobre ellas, cosa que es totalmente posible, según Tobler.

Distinto «cableado» cerebral

Los científicos llegaron a esta conclusión después de hacer dos estudios para examinar el papel de un neurotransmisor (una molécula que actúa como mensajero químico en el cerebro), la dopamina, en los circuitos de recompensa, un «cableado» en el que las neuronas premian con placer varios comportamientos (como comerse un trozo de chocolate o besar a alguien querido).

En el primer estudio, 56 participantes jugaron a juegos de apuestas clásicos en los que se plantea el dilema del prisionero. A lo largo de las pruebas pueden elegir acaparar unas ganancias o compartirlas con gente conocida o extraña. Antes de tomar estas decisiones, algunos de ellos habían tomado un placebo y otros un fármaco inhibidor de la acción de la dopamina.

Los resultados mostraron que las mujeres que tomaron el placebo compartían el dinero en el 51 por ciento de los casos y que solo el 40 de los hombres lo hacía. Después de tomar el inhibidor, las mujeres lo repartieron el 45 por ciento y los hombres el 44 de las veces.

En un segundo estudio, los científicos analizaron la actividad cerebral de 40 personas mientras tomaban estas decisiones. Así, observaron que cuando tomaban decisiones prosociales, la actividad cerebral en regiones relacionadas con la señalización de dopamina era superior en el cerebro de las mujeres. Lo que sugiere que su capacidad de respuesta ante este neurotransmisor es mayor en mujeres que en hombres.

Por eso, los autores creen que sus resultados apoyan la idea de que el circuito de recompensa de la dopamina está más enfocado a favorecer comportamientos altruistas en las mujeres que en los hombres.

Dudas razonables

Sin embargo, tal como ha explicado en The Guardian Gina Rippon, investigadora en neuroimagen cognitiva en la Universidad de Aston (Reino Unido) y que no ha estado implicada en el estudio, los resultados son intrigantes pero también «cuestionables». Rippon ha destacado que el primer estudio no muestra que las mujeres sean especialmente prosociales, entre otras cosas porque la inhibición de la dopamina no afecta mucho a su comportamiento.

Además, la periodista Angela Saini, que ha publicado un libro donde ha analizado muchos estudios relacionados con cuestiones de género, ha destacado que los resultados vuelven a mostrar cuán entrelazados están la biología y la cultura: «Sabemos que la sociedad espera que las mujeres se comporten de modo distinto a los hombres. Por ejemplo, animamos a las mujeres a ser más amables y más generosas, porque se considera que estos son rasgos femeninos», ha dicho Saini. «Por eso no debería sorprendernos que una investigación como esta muestre que las mujeres tienden a mostrar una mayor respuesta de recompensa ante comportamientos amables». En el aire sigue estando al cuestión de qué parte de las diferencias se debe a la biología o a lo aprendido socialmente.

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