Al acercarse el fin del segundo gobierno de Michelle Bachelet, su equipo ministerial y las autoridades cercanas a la Moneda, se esmeran por dar a conocer aceleradamente los “logros” alcanzados en estos últimos 4 años. La Presidenta, preocupada por los malos vaticinios para su sector en las próximas elecciones, intenta dar oxígeno a sus candidatos. La oposición, por su parte, argumenta que el gobierno de Bachelet, ha sido el peor desde el retorno de la democracia. Objetivamente, si analizamos el gobierno de la nueva mayoría, podemos concluir que no tuvo nada de nuevo ni de mayoría. En efecto, Bachelet ha conseguido agrandar el tamaño del estado de manera exorbitante, ha logrado arrinconar al mundo privado y ha polarizado al país al más puro estilo de la izquierda sesentera. El intento por modernizar y mejorar la calidad de la educación, ha sido inútil, y la reforma tributaria no la entiende nadie (ni los contadores). La reforma laboral, solo ha conseguido pérdidas de productividad y un deterioro sostenido en las expectativas de los chilenos para hacer negocios. Chile ha sido degradado en su nivel de crédito internacional, ha perdido el liderazgo regional y sus niveles de corrupción han aumentado sostenidamente. En materias de seguridad, Chile, que fuera un país seguro, ya no lo es. Los negocios de alarmas, guardias, cercos eléctricos y sistemas de seguridad, crecen como ningún otro. La Araucanía la controlan pequeños grupos de terroristas, amparados por una legislación débil y por organismos de DDHH, financiados por todos los chilenos.
Bachelet será recordada por su apoyo a grupos minoritarios, que mucho ruido meten y logran poner sus demandas como gravitantes para el país. Nuevos tipos de familia, contrarios a la naturaleza humana, se generan espacios con el apoyo y el financiamiento de la autoridad. A los cientos de exonerados falsos, se les sigue pagando sueldo, a pesar de dictámenes lapidarios de organismos contralores. La inexistente política de inmigración, ha hecho de Chile un país al que entra cualquiera, por donde quiera y como quiera. Lo que Bachelet no dimensiona, o no quiere dimensionar, es el tremendo problema que se está generando en el país al no regular –como lo hacen los países desarrollados- la inmigración. Pronto estaremos en el millón de inmigrantes, quienes por su origen y condición económica, son en su gran mayoría extremadamente dependientes del estado. Como la Presidenta, ya tiene su futuro asegurado en Naciones Unidas, a ella no le importa lo que le pase a quienes aquí nos quedaremos. Bachelet ha viajado mucho en el último tiempo, a países irrelevantes para Chile, pero que si son votos a la hora de designar a la futura Secretaria General de la ONU.

Quien asuma la presidencia de la república, tendrá que partir con una pesada mochila de deuda fiscal, con mucha “grasa” en el estado y con un parlamento contrario a aprobar leyes que le den más espacios al individuo y menos al estado protector. El sistema de salud, que se suponía era un área clave para la “doctora” Bachelet, continúa prestando servicios de mala calidad y con crecientes listas de espera. Pero lo más grave del legado de Bachelet, ha sido su total indiferencia por el esfuerzo individual. Para que las familias y los países prosperen hay que trabajar más y no menos, hay que priorizar los deberes al igual que los derechos, pero jamás solo derechos. En los últimos meses y acorde con su plan de llegar a la ONU, Bachelet ha insistido en su respeto por el medio ambiente y por su preocupación por el cambio climático. Sin embargo cualquiera puede observar la masiva destrucción del bosque nativo desde el Maule hasta Llanquihue, con escaso control de entes fiscalizadores. El pésimo manejo de los incendios de verano pasado, fue otro ejemplo de mala gestión. Simultáneamente, los perros asilvestrados se les considera intocables y ya pasan a tener más importancia que los seres humanos. La situación de las cárceles, a pesar de cinco gobiernos de izquierda, no presenta mejorías reales. En vez de apostar por nuevas concesiones en carreteras, puertos y cárceles, privatización parcial de Codelco y trenes de alta velocidad privados, el gobierno de Bachelet siguió aferrado a los dictámenes de su socio chico, pero bravo. El PC, ha tenido gran influencia en el gobierno que termina. En materia de relaciones internacionales, Bachelet era socia intelectual de Dilma y de Cristina, ambas expulsadas por sus pueblos y ambas con juicios en trámite. Demoró en condenar a la dictadura de Maduro y nunca ha enfrentado a los Castro como se merecen. Si una vez recibió con honores en Chile al tirano Honecker y a su esposa Margot, genuinos representantes de una dictadura feroz, Bachelet de ha empeñado en que los entonces jóvenes soldados chilenos y hoy moribundos militares, sufran hasta morir.
Ojalá se recupere el respeto por nuestra única bandera tricolor, por las tradiciones, por los feriados religiosos históricos y por nuestras Fuerzas Armadas y Carabineros. Esperemos confiados en Dios, que las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias, permitan que nuestro querido país retome el rumbo del crecimiento, de la prudencia y de la paz.

Andrés Montero, Agricultor, para El Heraldo

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