La participación de la ciudadanía en los procesos electorales es uno de los pilares fundamentales sobre los que se sustenta la democracia. En Chile, dicha participación ha venido cayendo de manera consistente desde 1990, convirtiéndonos en el segundo país con la mayor baja en los últimos 25 años, después de Madagascar. De hecho, en la última elección municipal, cerca de nueve millones de personas decidieron no ejercer su derecho a voto, lo que va justo en sentido contrario de la tendencia en América Latina, donde la participación ha ido en aumento.

Algunas causas de este fenómeno: las transformaciones sociales y culturales de las últimas décadas, especialmente entre los jóvenes; la creciente desconfianza ciudadana hacia las élites políticas; el diseño institucional y la erosión de la percepción de la eficacia del voto como instrumento de influencia sobre las decisiones públicas, y en alguna medida, el reciente cambio a un sistema de voto voluntario. Este no es un fenómeno homogéneo: los grupos que menos participan -especialmente jóvenes y personas de menor nivel socioeconómico, en grandes centros urbanos- tienen, por tanto, menor representación en los espacios de toma de decisión, al igual que las mujeres, que son las que más han dejado de votar, elección tras elección. El problema es que estos grupos suelen ser los más afectados por las decisiones que toman las autoridades.

Con todo, este es un problema que afecta a la sociedad en su conjunto y que requiere una respuesta de todos: la sociedad civil, los actores políticos, el Estado. Por eso, como actores de la sociedad civil organizada, hemos respondido a la convocatoria realizada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, conformando un consorcio de organizaciones por la participación electoral. En conjunto, buscamos hacernos cargo desde la sociedad civil de un problema de todos, involucrando a la ciudadanía en los procesos electorales. A estos esfuerzos se suman hoy universidades regionales, institutos de formación técnica y otras ONG.

Cuatro áreas de trabajo aparecen como prioritarias para afrontar la baja participación electoral. Primero, debemos hacernos cargo del déficit de formación ciudadana que se ha producido durante los últimos años, fruto de la virtual ausencia de estos temas en el currículum escolar. En particular, debemos incentivar a los jóvenes a votar: el acto de votar es un hábito que, si no se cultiva desde un principio, es muy difícil de incorporar más tarde. Segundo, debemos trabajar en terreno con las personas menos aventajadas de la sociedad, haciéndolas parte de los procesos electorales. El voto es uno de los principales canales por los cuales pueden hacer escuchar su voz. Tercero, debemos realizar campañas permanentes de promoción del voto, conectando el acto de votar con los problemas y necesidades concretas de las personas en su vida cotidiana. Finalmente, los partidos políticos -tradicionales y nuevos- deben poner la participación ciudadana y electoral al centro de sus preocupaciones, especialmente fuera de los períodos de campaña.

Somos organizaciones con diferentes misiones, roles y campos de acción, pero tenemos una misma convicción: si votamos todas y todos, mejoramos nuestra democracia y nuestro país. Más aún ahora que, tras las últimas reformas políticas, el voto tiene más peso para elegir a un Congreso más representativo de la diversidad que compone nuestra sociedad. Invitamos al resto de los líderes sociales y políticos, y a la ciudadanía como un todo, a trabajar en conjunto para hacernos cargo de este problema de todos y a transmitir en una sola voz este mensaje: opinar, marchar, tuitear, compartir, organizarse, es un gran comienzo. Si quieres que tu voz cuente donde más importa: ¡Ahora vota!

Nos vemos en las urnas el 19 de noviembre.

Carta al diario El Mercurio y firmada por

Tomás Reyes
Director ejecutivo América Solidaria
Lorenzo Figueroa
Director ejecutivo Caritas Chile
Alejandra Sepúlveda
Directora ejecutiva Comunidad Mujer
Mirentxu Anaya
Presidenta ejecutiva Educación 2020
Pablo Collada
Director ejecutivo Fundación Ciudadano
Inteligente
Juan Enrique Pi
Presidente ejecutivo Fundación Iguales
Leonardo Moreno
Director ejecutivo Fundación Superación
de la Pobreza
Juan Cristóbal Romero
Director ejecutivo, Hogar de Cristo
Sebastián Bowen
Director ejecutivo Techo Chile