Una minuta del comando de Alejandro Guillier sostiene que hay que decirles a los ciudadanos “que Piñera es un riesgo para el país”. Una declaración altisonante, cuando no extremista, destinada a infundir temor, que no tiene base alguna, porque reversar o moderar reformas que se han aprobado durante un gobierno es normal dentro de la alternancia del poder. Y fácticamente falsa, cuando Piñera ya gobernó en una ocasión y nada tan grave sucedió a Chile, salvo que la izquierda volvió al poder como consecuencia.

Tiene razón el candidato de Chile Vamos cuando acusó a la minuta Guillier de antidemocrática, como cuando añadió que la izquierda cree que es la única que tiene legitimidad para gobernar; que ven la democracia como un juego con dados cargados, que solamente es legítima cuando ganan ellos. Un diagnóstico certero, que pone de manifiesto una visión mesiánica y totalitaria, que sí constituye un peligro para Chile y la democracia, pues sirve de inspiración para justificar cualquier cosa para lograr o mantener el poder.

De la misma manera, constituye un peligro para la democracia censurar a los que, siendo de derecha, no votaremos por Piñera, diciendo que no nos importa el futuro de Chile, porque facilitaremos el triunfo de la izquierda, lo que no es más que tratar de infundir temor. O bien, versiones más sutiles como llamar al “voto útil” o que votar por José Antonio Kast es “darse un gustito” y los tiempos no están para eso (¿cuándo lo estarán?). Porque la democracia es diversidad y toda opinión tiene derecho a expresarse, y resulta antidemocrático descalificar a quienes pretenden hacerlo. Es creer que para ganar hay que cargar los dados mediante el recurso de “no les queda otra que votar por mí”, si no quieren el caos.

Además, es fácticamente falaz, porque todas las encuestas y opiniones anticipan que Piñera pasará con holgura a segunda vuelta. Entonces, si un porcentaje de los votos se desplazara a Kast, no impediría que pase al balotaje; a lo más, posibilitaría que ambos vayan a éste, que sería la situación ideal, aunque ominosa para Piñera, porque ya no habría temor a la izquierda. La primera vuelta existe no sólo para evitar que gane un candidato con una minoría de votos (como en 1970), sino que también para que las distintas visiones se manifiesten y puedan ser “pesadas”, de forma que aquel que pase a segunda vuelta deba considerar otras opciones que las suyas, para recoger mediante propuestas y compromisos el voto de una mayoría. Quizás en realidad lo que persigue el “piñerismo” es que se le firme un voto en blanco, sin pagar el costo de tener en cuenta la opinión de los que están a la derecha, lo que ya sucedió una vez.

El verdadero peligro para Chile y la democracia es perseguir los votos intimidando, imputando culpas o infundiendo temores. Dése su “gustito” el 19 de noviembre, que no es otra cosa que buscar legítimamente que su voto cuente.

Columna de Axel Bucchheister para La Tercera

/gap