El senador Ignacio Walker -ex presidente de la DC- elaboró junto a Gutenberg Martínez y otros dirigentes de esa colectividad un manifiesto en el que promueven la idea de realizar un plebisctio para que sean las bases democratacristianas las que decidan si el candidato presidencial del partido debe participar en primarias de la Nueva Mayoría o ir directamente a primera vuelta. La idea, sin embargo, debe ser revisada el 11 marzo por la junta nacional de la DC.

¿Cree que haya espacio para que aprueben la propuesta?

Para darle toda la legitimidad que esa decisión requiere, creo que la junta nacional haría muy bien en dejar esa decisión a las bases del partido: un militante un voto. No es que la junta nacional no tenga legitimidad -que la tiene, y además es plenamente soberana-, pero creo que esta es la decisión más importante que habrá tomado la DC desde 1989, cuando se confrontaron las tesis de la coalición grande, defendida por Patricio Aylwin, y la coalición chica, defendida por Adolfo Zaldívar.

Es muy difícil saber lo que va a ocurrir con esta junta nacional que es inédita. Pero yo tengo la impresión de que en las bases de la DC existe una creciente conciencia acerca de la necesidad de marcar nuestros puntos con mucha fuerza, con mucho liderazgo, recomponiendo el espacio de la centroizquierda desde una nueva perspectiva. Creo que la primera vuelta tiene esa ventaja, porque para que exista realmente una negociación sobre un programa común de la centroizquierda -que no es necesariamente la Nueva Mayoría- es mucho más factible hacerlo después de una primera vuelta electoral, donde uno se pueda medir.

¿Cómo convencer a las personas del partido que no tienen ánimo de romper con la Nueva Mayoría? Porque usted apuesta a que se negocie entre la primera y la segunda vuelta, pero otros piensan que no van a tener tanta incidencia en caso de que gane, por ejemplo, Alejandro Guillier.

Creo que estamos llegando a un momento en que hay que empezar a sincerar las cosas. Personalmente, creo que no es claro que un segundo gobierno de la Nueva Mayoría vaya a ser una buena noticia para el país. La Nueva Mayoría fue concebida como “un acuerdo político-programático para apoyar el gobierno de la Presidenta Bachelet”. Esos son los términos de referencia, el marco del acuerdo. Pero el objetivo que debe ordenar la política en Chile es llegar a ser un país desarrollado. Hoy somos un país de ingreso medio, en vías de desarrollo, con 23 mil dólares per capita. ¿Y qué es lo que está en juego en esta elección presidencial y parlamentaria? La posibilidad real de dar el gran salto para ser un país desarrollado. ¿Qué es lo que me preocupa? Que estamos en el cuarto año de un crecimiento económico promedio de un 2%, es decir, de un ciclo bastante mediocre, y no hay nada que nos pueda hacer ver que un segundo gobierno de la Nueva Mayoría no vaya a ser más de lo mismo.

¿Esta visión de lo que podría ser un segundo gobierno de la Nueva Mayoría es en el entendido de que sea encabezado por Alejandro Guillier?

Una eventual Presidencia de la República de Alejandro Guillier nos aleja aún más del objetivo final del desarrollo económico. Yo no veo en su candidatura un compromiso con el crecimiento, yo veo en el liderazgo político que representa Guillier un intento por complacer la voz de la calle. Gobernar significa pagar costos, tomar medidas impopulares, navegar contra la corriente. E insisto: veo en la candidatura de Guillier el germen de demagogia y populismo.

¿Eso es porque suele no hablar?

De lo que ha alcanzado a insinuar desde el punto de vista programático, dos de las medidas que ha propuesto cuestan US$ 6 mil millones: gratuidad universal en la educación superior, que cuesta US$ 3.500 millones, según los informes financieros del Ministerio de Hacienda, y equiparar las pensiones mínimas al salario mínimo, lo que cuesta US$ 2.500 millones. Esas dos medidas suman US$ 6 mil millones, que es el 75% de toda la reforma tributaria. ¿Cómo las va a financiar? Nosotros hemos tenido una doctrina, que es que no se puede tener un gasto permanente sin un ingreso permanente.

No confía en el manejo económico que podría tener Guillier.

No es un problema de tal o cual persona, es el tipo de liderazgo político que él representa. E insisto en el ejemplo que he dado: no está claro cómo Alejandro Guillier va a retomar un camino virtuoso de crecimiento económico al margen de la tentación de la demagogia y el populismo, que es una tentación permanente en América Latina.

Lo que haría Guillier en ese caso, en cuanto a la reforma educacional, sería tomar la posta de una promesa que fue de Bachelet, y que no se pudo cumplir.

Es que eso es lo que pasa cuando uno se compromete con cuestiones que no puede cumplir y que no pude financiar. Nosotros dijimos “gratuidad universal en 2020”, y yo advertí en su momento, durante la discusión programática, que eso no iba a ser posible. Y estamos hoy en cerca de un 15% del millón 200 mil alumnos que están en educación superior. Unos 180 mil van a tener gratuidad este año, y habíamos prometido un 70% en este gobierno y un 100% en 2020. Eso demuestra que no hay que dejarse llevar por la tentación de prometer cosas que no se pueden cumplir. Temo que si eso ocurrió en algunos aspectos bajo el actual gobierno, con mayor razón frente a una eventual presidencia de Guillier, que sinceramente siento que no tiene el temple para gobernar desde el punto de vista de pagar los costos, de tomar medidas impopulares y de saber navegar contra la corriente, lo que muchas veces se le impone a un verdadero estadista. Pero yo no quiero personalizar. Este no es un tema de Alejandro Guillier, es un tema de qué tipo de acuerdo político de centroizquierda nos puede llevar a reencontrarnos con el objetivo del desarrollo.

Puesto en el escenario de una segunda vuelta entre Guillier y Piñera, ¿preferiría que fuera Piñera el próximo presidente?

Lo más probable es que yo votaría en blanco en un escenario como ese. Pero creo que la gran ventaja de una primera vuelta electoral es que permite realmente negociar un programa de gobierno entre la primera y la segunda vuelta.

Es decir, para ganar en segunda vuelta Guillier estaría obligado a negociar con la DC.

Y con el espacio político de la centroizquierda. Porque si vamos a una primaria de la Nueva Mayoría, ¿qué vamos a negociar? O sea, ¿va a ser una competencia de rostros? “¿Aquí está el programa concordado y vamos a elegir un rostro que lo represente?”. Evidentemente que no. Una primaria de la Nueva Mayoría es una competencia programática, y el que gana, gana el liderazgo presidencial y el programa de gobierno. No hay nada que negociar. La única forma de influir para la DC es yendo a una primera vuelta y, después de contar los votos y medir las fuerzas, formar gobierno sobre un acuerdo programático que significa cada coma y cada punto del programa, para que no haya sorpresas.

El principal problema de su tesis es que la candidata presidencial de la DC podría ser Carolina Goic, y ella no quiere romper con la Nueva Mayoría. ¿Tiene solución eso?

Creo que la DC debiera proclamar a Carolina Goic en la junta nacional de marzo, y competir en primera vuelta electoral. De lo contrario, esa candidatura no es creíble, porque una candidatura que sólo está llamada a llegar a medio camino, a una primaria que signifique ofrecerle al país más de lo mismo, es una candidatura que parte herida en el ala. Aquí no estamos rompiendo con nadie, porque la Nueva Mayoría es un acuerdo político y programático para apoyar al gobierno de la Presidenta Bachelet. Y eso no es una cuestión de palabras más o palabras menos. No es una coalición política que trasciende a un gobierno, nunca fue concebida de esa manera.

¿Y la negociación parlamentaria?

Es el gran temor en la DC, pero seamos claros: ya pusimos fin al sistema binominal. ¿Qué vamos a negociar? ¿Una cuota parlamentaria? ¿Cupos parlamentarios? ¿Un pacto por omisión? Además, va a haber más de una lista de todas maneras, por un tema técnico, no político. Me parece, además, que está en el interés de todos sumar fuerzas para conformar una mayoría parlamentaria de la centroizquierda, lo que es una razón adicional para no tenerle miedo a la primera vuelta.

A propósito de sus socios, ¿cómo ve la situación del PPD, que está con fuertes problemas para reficharse en las 15 regiones y que, producto de eso y al ya haber proclamado a Ricardo Lagos, puede comprometer su candidatura presidencial?

Todos los partidos políticos tenemos que relegitimarnos, y eso pasa también por el proceso de reafiliación. Ahora, yo creo que el PS se farreó a Ricardo Lagos, con todas sus letras. Había un momento en que el PS tenía a Lagos, Isabel Allende y José Miguel Insulza, y eso ya no existe. Ahí hay una responsabilidad de nuestros amigos del PS que yo no logro entender y que obviamente nos afecta a todos.

¿Por qué?

Varios lo dijimos: la única variante que nos podría haber desviado de este camino de llevar una candidatura propia en primera vuelta, como muchos queremos, es evidentemente el liderazgo político de Ricardo Lagos. Pero eso ya no prendió. Ahora la DC debe enarbolar las banderas que siempre la han caracterizado, apelar a esa gran mayoría que no se siente representada y competir con mucha fuerza en primera vuelta. Tenemos que dar el paso, aunque perdamos, porque la DC tiene que pensar más allá de noviembre, tiene que pensar en los próximos cinco, diez o quince años. Tenemos que dejar a un lado la calculadora electoral y jugarnos más por convicciones en la perspectiva de ejercer un liderazgo, jugar ese capital. Es un camino lleno de espinas, y con muchos riesgos, pero ir a una primaria de la Nueva Mayoría es ofrecerle al país más de lo mismo.

/Entrevista de Macarena Vega para La Tercera

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