Algo une a los votantes de Kast, de Goic y de Sánchez.

A pesar de que están en posiciones tan distintas, esos tres segmentos de electores están siendo objeto de acoso electoral.

En todo orden de cosas, los acosos están mal vistos en el país y son materia de políticas destinadas a impedirlos o a sancionarlos. Pero en la campaña electoral, al revés, pareciera que todo estuviese permitido. Casi no hay publicidad, y quizás por eso mismo, las presiones orales son más fuertes.

Una de las izquierdas -Guillier-, moderada en las formas, acosa por igual a los partidarios de la otra izquierda moderada -Goic- y a los electores de la izquierda desfachatada, Sánchez. Desde la campaña del senador se presiona a los votantes de la DC y del Frente Amplio para que en segunda vuelta lo apoyen, a como dé lugar.

Es un acoso con fundamentos lógicos.

Guillier sabe que en primera vuelta los votantes naturales de Goic y de Sánchez serán fieles a esas dos candidaturas y que la presión, por lo tanto, debe referirse solo a la segunda vuelta. Ahí, como buenos izquierdistas, todos se unirán, porque no hay nada que movilice más a aquel sector que la noción de enemigo común.

El acoso de la campaña de Guillier es moderado, no da para “delito”. Presiona, pero casi siempre entiende que no debe dañar vínculos ni debilitar afectos.

En la otra vereda, la situación es bien distinta.

El acoso de la candidatura Piñera -del candidato, de los parlamentarios, de los miembros de su equipo de campaña, de los dirigentes de los partidos que lo apoyan, de los columnistas afines, etc.- se ha hecho sistemático respecto de los electores de Kast en primera vuelta.

¿Qué cifras están sirviendo de base para esa agresiva actitud?

Hay varias posibilidades. O en el comando de Piñera le creen al 5% que algunos sondeos le otorgan a Kast o, por el contrario, están conscientes de que la adhesión al diputado independiente ya se ha empinado sobre el 10%.

Si operan sobre el primer supuesto, no tiene sentido intentar privar a un candidato de su voto más duro: quien tiene el 5% lo tiene bien amarrado y a lo más va a perder un 1%, porcentaje totalmente desechable para quien lograse arrebatarlo. Y si los piñeristas están trabajando sobre la base del segundo supuesto, equivocan igualmente la estrategia, pero con consecuencias mucho más graves: un candidato que ha rebasado el 10% logrará en algún momento ser reconocido en esa condición, suscitará aún más apoyo y, por lo tanto, en caso de no lograr la segunda vuelta, será un eventual aliado de mucha importancia en esa instancia.

Nada peor, por lo tanto, que enemistarse con el voto de Kast.

Parece que en Chile Vamos olvidan también que paralelamente hay elecciones parlamentarias, que Kast no lleva lista propia y que, por lo tanto, maltratar a los electores del diputado ex UDI es producir en ellos un distanciamiento creciente respecto de las listas al Senado y a la Cámara. Qué ingrato sería para el comando piñerista comprobar que en cada mesa la suma de votos de Kast y de Piñera es significativamente mayor que los sufragios emitidos a favor de los candidatos al Congreso de Chile Vamos. ¿Quiénes se habrían restado?

Las expresiones “darse un gustito” y “voto inútil”, que con frecuencia se usan desde el piñerismo, son ciertamente ofensivas, acosan. Revelan una mirada pragmática y cuantitativa de la política, una carencia de sentido estratégico y, por sobre todo, dan una muy mala señal del modo en que el sector de Kast, una derecha imprescindible, podría ser tratado a partir de marzo próximo.

Mientras más estrictos los candidatos en sus posturas -y es el caso de Kast-, más duro y firme es el núcleo de sus adherentes. Quizás por eso mismo en el comando de Piñera no logran entender el punto.

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