Desde hace un par de décadas, en todas partes del mundo, sin importar los sistemas políticos, sociales y religiosos imperantes, de cada tres matrimonios, casi invariablemente, dos se separan:

  • Exacerbaciones del individualismo dirán unos;
  • El alejamiento del hombre de los planes de Dios;
  • Los sistemas liberales dirán otros, siendo, por lo tanto, factible, una larga lista de posibles causales.
  • Sin embargo, aceptando que no existen las causas únicas, creemos que la raíz y la causal última, desde lo diacrónico, la encontramos en la familia y su crisis permanente.
  • Les dejo esta columna para su reflexión en familia y en pareja.

Este análisis nace de años trabajando con la familia chilena y lo que han aportados miles de telespectadores y/o auditóriums de mis programas en Radio y TV de la “Escuela para Padres”; – incluyendo, además, mi propia experiencia afectiva-.

Desde la emblemática y simbólica representación de la primera familia, significada por Adán, Eva, Caín y Abel hasta nuestros tiempos, no hemos podido, consolidar e introyectar, el amor como un elemento auténtico, valedero, determinante en nuestra vida en comunión con el “otro” y los otros.

 No debemos olvidar que, en la historia de esta primera familia, tenemos el fratricidio – (frater que significa hermano y cide que significa matar)- de Caín sobre su hermano Abel. 

Una prueba de todo lo que podemos decir y analizar, se ratifica en el hecho de que, en la historia de la humanidad, hemos firmado a la fecha miles de tratados de paz, sin que ninguno de ellos, logre durar más de tres años. Y que más grave, lo sucedido para el mundo cristiano, al señalar que ultimamos al hijo de Dios.

Podemos aseverar algo que es innegable, que esto sobreviene, porque el espejo del cual sacamos la imagen, el paradigma a perpetuar, se encuentra en la familia y sus máximos representantes: NUESTROS PADRES

Ahora como antes, somos portadores de la relación con nuestros padres y, la de todos aquellos que determinan nuestro mundo en desarrollo.

Estas apetencias determinadas por los padres, prefijan, por último:

  • La interacción consigo mismo. ¿Quién soy?
  • El tipo de las relaciones para con los demás. ¿Quiénes son los otros?
  • Representan las formas de nuestras posibilidades afectivas de predisposición y preferencias
  • De las simpatías y las antipatías.

Más aun, instauran si nuestras elecciones en el plano más íntimo, donde intentaremos conjugar el verbo amar, serán “sanas” o estarán “contaminadas” por aquellas primeras interacciones con el amor, representadas consciente e inconscientemente por nuestras figuras parentales en primer término y/o sus sustitutos secundariamente.

Son estas imágenes, predeterminadas en nuestro inconsciente, las que, con sus elecciones, construyen y limitan el mundo circundante, codeterminado siempre con el primer ambiente vivido, el de la infancia y de la juventud.

Es por eso, que:

  • Ser dejado de lado;
  • Embromado;
  • Exigido
  • Disminuido;
  • Sobreprotegido;
  • Descalificado;
  • Dominado excesivamente por alguno de los padres y / o hermano (s);
  • La falta de respeto a las necesidades individuales del niño;
  • La falta de estímulo y simpatía por parte de los padres;
  • La tortura física, emocional y/o psicológica:
  • El aislamiento de los demás niños;
  • El ser desplazado por el afecto o las preferencias por un hermano (a);
  • Una atmosfera hostil;
  • Padres mal avenidos.
  • No ser acariciado

Son de las tantas vicisitudes a las que nos enfrentamos en nuestra infancia, que enlutan nuestro camino hacia una emocionalidad madura y sana, terminando por destruir cualquier posibilidad de una autoestima y autoimagen llena de miel, elemento imprescindible, necesario, para aprender a amar, parafraseando a Fromm, “el amor por otros, pasa por el amor por mí”.

LA IMPRONTA

Este mundo de experiencias, imprime su impronta sobre nuestra posición dentro de la sociedad, sobre nuestra capacidad y grado de amar, respetar, odiar y despreciar. En pocas palabras, imprime la calidad de nuestras relaciones, sea en sentido positivo o negativo.

Es de vital importancia entender que:

  • Vivimos en un mundo pre-determinado;
  • Que la mayoría de nosotros en realidad no goza de la posibilidad del “libre albedrío”, ya que somos compelidos consciente e inconscientemente para vivir el continuo drama de nuestra existencia;
  • Que esto es algo verdaderamente difícil de entender, comprender y aceptar para una gran mayoría de los seres humanos;
  • Opera el mecanismo de defensa de la negación;
  • Con todo, mientras más negamos esta realidad, más neuróticos somos;
  • Más nos autodestruimos;
  • Más rompemos el equilibrio con el mundo circundante, con nuestro planeta, y,
  • Sobre todo, con nuestros más cercanos, nuestra familia y nuestra pareja.

LA TEORÍA DEL APEGO

Todo lo que he venido postulando, escribiendo por años, tratando de hacer conciencia en nuestra sociedad, queda reflejado en un artículo sobre la teoría del apego publicado por el New York Times del cuál extraigo los siguientes párrafos. Sin más, señalaré, que no estoy de acuerdo con el título: “Sí, es culpa de tus padres”, ya que creo que somos responsables por no preocuparnos por madurar, por resolver nuestros conflictos y traumas de la niñez antes de embarcarnos en una tarea tan gigantesca como es criar a nuestros hijos e inclusive, pensar en llevar adelante una relación amorosa definitiva. Culpables seríamos los padres si a propósito, intencionadamente, con premeditación y alevosía, planificáramos la infelicidad de nuestros hijos, pero estoy de acuerdo de que somos responsables, pero lo neurótico es como la espinilla en la nariz, todos la ven, menos nosotros.  Pero veamos que nos dice el mencionado artículo:

“Los expertos en los campos de la psicología, la neurociencia, la sociología y la educación mencionan que el supuesto subyacente de la teoría — que la calidad de nuestros apegos tempranos influye profundamente en nuestro comportamiento adulto— tiene una repercusión especial en una época en que la gente parece más apegada a sus celulares que a las demás personas.

Continúa el articulista afirmando que:

“Hacia el final de nuestro primer año de vida ya ha quedado marcada en nuestros cerebros de bebé una plantilla bastante indeleble sobre como pensamos que funcionan las relaciones, con base en la manera en que nos tratan nuestros padres u otros cuidadores importantes. Desde un punto de vista evolutivo, esto tienen sentido porque debemos descubrir pronto como sobrevivir en nuestro entorno inmediato.

“Si se te brinda un apego seguro, eso es genial, porque entonces tienes la expectativa de que, si estas angustiado, puedes recurrir a alguien en busca de ayuda, además de sentir que puedes ayudar a otros”, dijo Miriam Steele, la codirectora del Center for Attachment Research en la New School for Social Research, en Nueva York.

No es tan bueno si estás en el grupo del 40 al 50 por ciento de bebés que, según indica un metaanálisis de investigaciones, tienen un apego inseguro porque sus experiencias tempranas fueron por debajo de lo óptimo:

  • Sus cuidadores estaban distraídos;
  • Eran extremadamente autoritarios;
  • Eran despectivos;
  • No eran confiables;
  • Estaban ausentes o tal vez eran amenazantes;
  • “En casos así́, tienes que ganarte tu seguridad”, dijo Steele, formando apegos seguros más adelante que te ayuden a superar tu deficiente modelo interno de funcionamiento.

Puesto que la tasa de divorcio también está entre el 40 y el 50 por ciento, parecería que no se trata de una tarea sencilla. De hecho, según los investigadores, las personas con modelos de apego inseguro tienden a sentirse atraídas por aquellos que cumplen con sus expectativas, aunque los traten mal.

Pueden actuar subconscientemente de maneras que provoquen una conducta insensible, poco confiable o abusiva, la que les sea más familiar. También pueden huir de los apegos seguros porque los perciben como algo desconocido.

“Nuestro sistema de apego da preferencia a lo que ve de acuerdo con lo sucedido en el pasado”, dijo Amir Levine, un psiquiatra de la Universidad de Columbia y coautor del libro Attached, que explora la manera en que las conductas de apego afectan la neuroquímica del cerebro. “Es como buscar en Google, que autocompleta la búsqueda con base en lo que buscaste antes”.

https://www.nytimes.com/es/2017/07/04/si-es-culpa-de-tus-padres

LO ERÓTICO

Por otra parte, en cuanto y en tanto al eros humano, éste, también está delimitado en las posibilidades de su elección a causa de los vínculos de la infancia. Esta elección se halla predeterminada en el sentido de aquellos primeros modelos:

  • La amada (o) se nos presenta como la realización de una imagen acuñada mucho tiempo antes.
  • Es con ella, que predomina, entre todas las demás, como el cumplimiento de una imagen originada en la primera infancia con la que la pasión erótica y nuestra afectividad desea realizarse hasta llegar a las últimas consecuencias.
  • Muchos son los autores que postulan, entre ellos yo, que hasta en el “amor comprado”, estas imágenes acuñadas en la infancia, estarán determinando a quién elegimos para vivir esta experiencia.

 

LA TRAGEDIA DE OTELO Y DESDÉMONA

Analizando Otelo, podemos afirmar, que, si estuviéramos analizando un cuento de hadas, la historia de Otelo y Desdémona terminaría con el matrimonio entre ambos, con un y fueron felices para siempre.  Empero, como es una tragedia, ésta comienza precisamente con la boda de ambos.

Así también nos sucede a todos, nuestra “tragedia” comienza cuando intentamos asumir la vida adulta y somos portadores de conflictos sin resolver en tanto y en cuanto a nuestra capacidad de dar y recibir amor, que refleja finalmente nuestra verdadera capacidad de amar, ya sea como:

  • Pareja de…;
  • Como padre de… y, desgraciadamente,
  • Caemos en la ya conocida maldición psicoanalítica o,
  • En la compulsión a la repetición

COROLARIO

Concluiremos nuestra columna, con un llamado explícito, ya que, algo grave, gravísimo, está sucediendo y, dado que nuestras vidas, al igual que la de Otelo, no es un cuento de hadas, debemos ser consecuentes con el hecho de que:

  • “Nunca somos del todo conscientes del daño que nos hacemos y que hacemos a los demás, a los que, sin embargo: “clamamos a los cuatro vientos que amamos”.
  • Empecemos de una vez por todas a ser congruentes, prometámonos que intentaremos día a día hacer de la palabra AMOR UNA REALIDAD TANGIBLE, QUE VAMOS A APRENDER A CONJUGAR EL VERBO.

Ya que, habremos podido deducir claramente, después de leer y analizar la propuesta de esta columna que:

  • Aquí, en todo lo dicho, habitan y co-existen, el comienzo y el fin de nuestros dramas. Alfa y omega conjugándose eternamente.
  • El amor reside en el respeto, si no hay respeto, no hay amor.

La humanidad se destruye en cuanto desaparece el respeto a la dignidad humana. Sforzini

/por Victor Sforzini Sepúlveda

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