Las elecciones presidenciales del 19 de noviembre son, probablemente, las más importantes para nuestro país desde el retorno de la democracia. Los chilenos se juegan en ellas algo crucial para su futuro: la capacidad de rectificar el rumbo perdido y dar un gran salto adelante como país. Frente a esta encrucijada, las diferencias abismales que vimos en el debate de la ARCHI no se pueden dejar pasar.

Ver a todos los abanderados contra el expresidente Piñera solo fue el reconocimiento de lo que señalan hace meses las encuestas: un liderazgo indiscutido, con una sólida mirada de país. Es esa sensación de derrota profunda -en el plano de las ideas y de los votos- la que no deja dormir a quienes ven con terror la posibilidad de perder el poder.

Fue tan increíble, que en redes sociales la palabra más repetida en el debate fue… ¡Piñera!

El espectáculo del foro mostró que sus contendores solo dan manotazos desesperados, buscando un espacio -a cualquier precio- en los medios. Incluso, con actos nunca antes vistos de bajeza e indignidad. Los contrastes fueron evidentes: odiosidad, versus un llamado a los acuerdos y la unidad; mentiras y descalificaciones, versus propuestas serias y con sentido país; el interés pequeño de los políticos, versus la preocupación por los problemas reales de la gente. Insultos frente a un llamado positivo y constructivo de futuro. Lamentablemente, vimos una especie de reality radial, lleno de ataques y actitudes francamente impropias de quienes aspiran a algo tan relevante como conducir el país. Más de alguno habría salido por “convivencia”

En un claro contraste, el expresidente mostró su condición de hombre de Estado. Por ello, convocó a que, tal como hicimos hace 30 años una exitosa transición a la democracia, con el liderazgo del Presidente Aylwin, ahora -con la misma fuerza y unidad- hagamos una segunda transición. Esta vez, hacia un país desarrollado y sin pobreza, que nos permita tener una nación más justa, solidaria y digna; un país que atiende las necesidades de su gente: salud oportuna y digna, buena calidad de la educación, empleo, un trato digno a la tercera edad y combatir la delincuencia con fuerza y voluntad.

Es fundamental, como dijo el exmandatario, dejar atrás las recriminaciones y la odiosidad que se respiraron en el debate y mirar hacia el futuro, porque Chile puede y quiere más que la chimuchina política. Puede dar un gran salto hacia adelante. Esa es la razón profunda por la cual Sebastián Piñera quiere ser nuevamente Presidente: la posibilidad de dar oportunidades y seguridades a todos los chilenos. Lamentablemente, del resto de los postulantes no se puede decir lo mismo. Lo único que los une y motiva, parece ser, atacar a quien va primero en la carrera y mostrar su desesperación obsesiva ante la pérdida de “pitutos” y privilegios. Con eso no se construye futuro. Y va a ser un boomerang para todos ellos, porque la ciudadanía no es tonta a la hora de tomar decisiones tan fundamentales.

/Columna de Andrés Chadwick para el diario La Tercera

/gap