Es ingeniero, de Donosti y lleva tres meses viviendo en Madrid”. Esto es todo lo que sabe Clara del chico con el que va a quedar en un café del centro de la capital. Ha visto varias fotos en su perfil de Tinder y poco más. “Tengo 42 años y comencé a usar ‘apps’ para ligar cuando lo dejé con mi novio hace tres. Desde entonces he tenido infinidad de citas y solo una relación estable durante tres meses con uno de los chicos que conocí; de esta forma es fácil ligar pero muy difícil enamorarse, porque al mínimo obstáculo tiras la toalla, sabes que en la pantalla de tu móvil tienes a 20 tíos más esperando”, relata Clara.

Según el INE, la mitad de los solteros españoles a la caza de pareja por internet. La revolución comenzó con las webs que ponían en contacto a personas que buscaban pareja (‘Meetic’, ‘eDarling’…), pero este método quedó obsoleto en cuanto aparecieron las aplicaciones para teléfonos móviles que, con mayor comodidad y rapidez, conseguían los mismos fines.

 

¿Sexo esporádico o adicción?

Todo comenzó con ‘Grindr’, una herramienta que usaban los gays para conocer a gente y que luego se trasladó al mundo heterosexual con Tinder, obteniendo de inmediato el mismo éxito. A los que tratan actualmente de contabilizar el número de inscritos en este tipo de aplicaciones las cuentas se les descuadran a cada momento, porque cada día surgen apps nuevas.

Hola, ¿sexo? Esa fue la manera que utilizó un usuario de una de estas apps para dirigirse a la periodista Lucía Martín en un primer contacto. Sin preámbulo, sin frases que lleven a engaño, con los objetivos muy claros desde el principio. La periodista realizaba un estudio sobre la forma de ligar en esta era. Y no pudo encontrar un título mejor para el libro ‘Hola, ¿sexo?’ (Ed. Arcopress). Tras estudiar con detenimiento el mundo de las cintas online, llegó a la conclusión de que “vivimos en la época del romance 2.0, de consumo compulsivo de personas como quien fuma un cigarro tras otro”. Asegura que no corren buenos tiempos para los románticos porque los consumidores de sexo rápido (o depredadores sexuales, como ella los cataloga) no tienen tiempo, ni ganas, de descubrir si la persona que se encuentra al otro lado posee sus mismos gustos musicales, si prefiere el teatro o tejer patucos; basta una atracción física para que el encuentro acabe entre las sábanas y, en la mayoría de los casos, con un “si te he visto no me acuerdo, que tengo a siete como tú esperando”.

Los especialistas aseguran que hay cada vez más personas, sobre todo hombres, que podrían definirse como adictos al sexo y responsabilizan a las aplicaciones de esta dependencia. La facilidad para conseguir citas los ha convertido en unos cazadores a la búsqueda de nuevas presas que sumar a su historial. Por eso, el filósofo Alain Badiou, autor de ‘In Praise of Love’, asegura que estas apps destruyen el ideal romántico y fomentan la idea de que el amor 2.0 está abocado a la decepción.

Candela, de 34 años, lo ha vivido en carne propia: “Comencé a ligar a través de estas aplicaciones hace seis meses y me espeluzné con lo que encontré. Poco compromiso, búsqueda de sexo sin ningún tipo de preámbulos… En fin, un horror. A mí me dinamitaron la autoestima, a los seis meses de utilizarlas me di de baja y no quiero saber nada más”. No es la única: de la misma forma que aumentan los usuarios, se multiplican los que, tras probarlo, huyen despavoridos.

Pero estas herramientas no se pueden demonizar. De hecho, muchos psicólogos recomiendan a sus pacientes que las utilicen por sus propiedades terapéuticas: son muy positivas para personas con dificultades a la hora de relacionarse cara a cara, para los que tienen un círculo social muy reducido y, en algunos casos, para quienes necesitan recuperar la confianza en uno mismo tras una ruptura. Además, muchos de los usuarios pueden encontrar a personas que buscan lo mismo, ya sea una relación duradera o un encuentro sin compromiso, de una forma sencilla, sin tapujos y sin tener que contar medias verdades.

Cada día más adeptos

Pero no solo de aplicaciones viven los amantes del siglo XXI. Al amparo de ese gusto por lo lúdico sin compromiso surgen otros movimientos ‘online’. Cada día tiene más adeptos un grupo que nació hace unos años, golfxsconprincipios.com, con objetivos muy claros que anuncian en su web: “Somos un grupo de personas a las que nos gusta el sexo no convencional entendido como ocio, como manera de socializar, de conocer a gente. Hay bisexuales, fetichistas, parejas abiertas, BDSM, lesbianas, gays, ‘trans’, ‘queers’, poliamor, ‘swingers’, etc, ¡incluso heterosexuales!”. Poco más que añadir. De la misma manera que los grupos de escalada se reúnen los domingos para culminar una montaña, los ‘Golfxs’ con principios lo hacen para conocer gente con la que mantener diferentes tipos de relaciones sexuales.

Una de las tendencias que está en auge últimamente es el intercambio de parejas. De eso habla sin tapujos el libro ‘Zoe en horizontal’ (Ed. Suma de letras). La autora, que permanece en el anonimato y se hace llamar Zoe Swinger, ha novelado historias reales y tiene muy claro que la búsqueda de contactos carnales sin más se ha disparado: “Las redes sociales han supuesto una nueva revolución sexual, como en los 60 fue la píldora. La gente lo tiene más fácil para relacionarse o simplemente encontrar lo que quiere, y muchas veces lo que desea es simplemente sexo”. Zoe advierte que el que vaya buscando amor en los ambientes ‘swinger’ comete una torpeza, “es como ir a buscar pan a una tienda de electrodomésticos”. ¿Y quiénes están más interesados, ellos o ellas? “En lo que al mundo ‘swinger’ se refiere, suelen ser ellos los que dan el primer paso, tienen menos reparos al intercambio de pareja que nosotras. Pero esto es solo al principio. Una vez que perdemos el miedo y los complejos, las mujeres somos mucho peores”, cuenta Zoe riendo.

Al amparo de estas corrientes ha aparecido un nuevo fenómeno, el ‘ghosting’, que sucede cuando una persona que ha aparecido en tu vida, y ha mostrado cierto interés, desaparece de buenas a primeras, convirtiéndose en un fantasma, sin mandarte ni un triste whatsapp. Y es que las nuevas tecnologías también facilitan que los cobardes huyan sin dar explicaciones.

/El Mundo de España

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