Este jueves el agricultor Werner Luchsinger habría cumplido 80 años y los habría celebrado junto a su mujer Vivianne Mackay, sus cuatro hijos y sus ocho nietos. Sin embargo, hace casi cinco años fue violentamente atacado en su casa de Vilcún, producto de lo cual murió calcinado junto a su esposa. “Uno trata de ser frío, de mantener el control, pero no deja de ser fuerte, sobre todo al recordar que hoy mi padre estaba de cumpleaños”, señala Jorge Luchsinger, el hijo mayor de la pareja, un día de después de conocer el fallo de tribunal oral en lo penal de Temuco que absolvió a los 11 comuneros mapuches que estaban imputados por el crimen ocurrido en la madrugada del 4 de enero de 2013. “Cuando uno escucha a los imputados que ahora quedaron libres y reclaman porque estuvieron un año y medio detenidos, yo digo que a nosotros nos quitaron a nuestros padres para siempre, que no pueden volver”.

En conversación con “El Líbero“, Jorge Luchsinger recuerda además una variable que a su juicio pudo haber determinado el resultado de este juicio: la actuación del presidente del tribunal, el magistrado José Ignacio Rau Atria(en la foto), quien hace unos meses había posteado varios mensajes en sus redes sociales donde se burlaba e ironizaba sobre el carácter terrorista de ciertos delitos ocurridos en La Araucanía y se refería a los agricultores como “latifundistas”. En esa oportunidad, el mismo Luchsinger había manifestado que podría haber algún sesgo en el juicio oral: “Cuando uno ve comentarios que presumiblemente afectan la imparcialidad que debe tener un juez, eso preocupa”.

– De acuerdo a estos antecedentes, ¿usted cree que el juez Rau se debió haber inhabilitado?

– Habían antecedentes de algunas opiniones que había emitido a través de las redes sociales, que podrían indicar un indicio de algún sesgo. Ironizó respecto al terrorismo en la zona, habló de “matonaje policial” en relación a ciertos movimientos policiales en comunidades mapuche, también algunos comentarios de la reforestación. Pero sólo él era quien tenía la facultad de haberse inhabilitado o no. Y uno esperaba que si existía un sesgo, fuera el mismo juez Rau el que tomara esa decisión. Así sucedió, por ejemplo, en la primera etapa del juicio, cuando una jueza del tribunal de garantía tomó esa determinación, luego de una petición de los abogados de la defensa porque anteriormente en otro juicio había realizado un comentario contrario a los intereses de los defensores.

– Siguiendo la misma línea ¿por qué en este caso ustedes no solicitaron la inhabilidad del juez Rau?

– Pudimos haberlo hecho, lo analizamos y nos explicaron que las causales o las pruebas no eran suficientes como para tener algún grado de certeza de que íbamos a tener éxito. Porque si solicitábamos la inhabilidad y hubiese sido rechazada, habría sido peor. Pero hoy puedo decir que peor de lo que fue el veredicto del miércoles, no lo sé.

– Pero a la luz del dictamen y recordando los mensajes que había publicado en su cuenta de Facebook, ¿usted cree que el juez Rau actuó con algún sesgo en este juicio?

– Eso puede quedar corroborado cuando se entreguen los fundamentos del fallo, y eso lo vamos a saber recién el 14 de noviembre. El miércoles sólo se indicó brevemente el veredicto y se determinó que el hecho no era terrorismo. Uno puede especular y pensar que tenía un sesgo, pero eso tendremos que analizarlo una vez que conozcamos los fundamentos del fallo.

– ¿Cómo queda la familia Luchsinger luego de conocer el fallo?, ¿van en seguir en su lucha para que se esclarezca la verdad?

– La instancia que queda en este juicio es recurrir de nulidad y que pueda realizarse otro juicio oral, aunque lamentablemente no se pueden incorporar otras pruebas. Entonces, vamos a tener otros tres jueces, a lo mejor unos más payasos que otros, o con más o menos sesgo. Entonces, la probabilidad de tener éxito puede ser baja, entonces vamos a seguir perdiendo tiempo. Porque hay que reconocer que con el veredicto conocido el miércoles, sólo fuimos a perder el tiempo.

– ¿Por qué señala que los jueces pueden ser “unos más payasos” que otros?

– Por cómo apareció vestido el juez Rau en la audiencia. Para mí no es la imagen que debe presentar un magistrado.

– ¿Se refiere a su chaqueta, corbata y pañuelo rojo?

– Claro. La primera impresión que tuve fue que él quería más llamar la atención que manifestarse preocupado por leer un dictamen de una sentencia judicial. Yo creo que son pocos los jueces que se pondrían una chaqueta roja fosforescente en una audiencia de este tipo. Cuando lo vi vestido con esa chaqueta roja, de inmediato pensé que hasta aquí no más llegábamos.

– ¿Está decepcionado de la justicia?

– Recordando lo que vivieron mis padres durante tanto tiempo antes del crimen y lo que vivieron nuestros vecinos, además de los nulos resultados judiciales luego de todos los ataques incendiarios que han ocurrido en la zona nuestra sin haber podido dar con los autores, con todos esos antecedentes, uno ya sabía cómo funcionaba el sistema, uno no podía esperar mucho. Entonces, cuando uno no espera nada de algo, mal puede estar decepcionado. Ahora, nosotros seguimos este proceso durante casi cinco años y teníamos fe de que en este caso sí podían haber resultados positivos, sabiendo que ya había un condenado. Pero lamentablemente no fue así.

– ¿Qué es lo que más le llamó la atención del dictamen dado a conocer el miércoles?

– Que no se haya calificado el delito como de carácter terrorista. Lo único que pudieron establecer los jueces es que fue un asalto, quemaron la casa y mis padres murieron calcinados. Ahí es donde uno critica el sistema, porque fueron cientos de pruebas las que se presentaron al tribunal de garantía y el mismo juzgado dejó fuera algunas de ellas por lo que llaman “sobreabundancia”. Entonces, uno presume que se pudieron haber presentado muchas más pruebas para que los jueces del tribunal oral llegaran al convencimiento de la culpabilidad de los imputados. El juez de garantía determina que las pruebas son sobreabundantes y que no es necesario entregar más información y luego los jueces del tribunal penal dicen que faltan antecedentes para condenar. Entonces ahí uno ve la inconsistencia del sistema.

Existía una prueba muy importante, que era el arma que se encontró después de un atentado en la región del Biobío. Luego de las pericias se determinó que esa misma arma había sido usada en la casa de mis padres y en otros atentados en la zona. Esa prueba no fue incorporada en la audiencia del tribunal de garantía y la dejó afuera. Ahora yo digo que con esa arma, que había sido utilizada en varios hechos de similares características, se podría haber demostrado que este crimen sí era de carácter terrorista. Pero ya no se puede hacer nada.

– Como hijo mayor de Werner y Vivianne, ¿qué sentimientos tiene luego de conocer el fallo donde quedaron libres los 11 imputados?

– Uno trata de ser frío, de mantener el control, pero no deja de ser fuerte. Cuando uno escucha a los imputados que estuvieron un año y medio detenidos, yo digo que a nosotros nos quitaron a nuestros padres para siempre, no pueden volver. Mi padre el viernes habría cumplido 80 años y podría haber estado celebrando con sus hijos y sus nietos. Claro, da pena, pero tenemos que ser duros y resistir esa pena.

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