Los smartphones facilitan nuestra vida. Las redes sociales, los mensajes instantáneos y la conectividad a toda hora son una herramienta útil, pero su mal uso puede causar adicción y dificultar las interacciones cara a cara.

Esta adicción se llama nomofobia y se da cuando el celular se vuelve imprescindible y su uso es excesivo; sin embargo, la hiperconectividad es tan común que pocos se consideran adictos, ya que no sienten que su vínculo con el teléfono sea enfermizo.

Se ha comprobado que cuando una persona deja el celular en la casa accidentalmente, el cuerpo genera estrés y angustia, en respuesta a que se siente aislado del mundo. Por eso, muchos se devuelven a buscar el equipo cuando notan su ausencia.

“Si la principal manera de relacionarnos con los demás es el celular es probable que esto afecte en la vida social real. Hay que tener conciencia de que el uso de la tecnología si bien es el medio principal de comunicación en la sociedad moderna, no reemplaza las interacciones en persona”, explica Josefina Guzmán, psicóloga de Clínica INDISA.

Si no se utilizan bien, se puede desarrollar problemas de autoestima, dificultad de desarrollo de habilidades sociales y elevada ansiedad. “El mundo virtual termina siendo una salida para que estas personas calmen sus frustraciones, pero al mismo tiempo produce ansiedad o estrés, por lo que en esos casos lo recomendable es cerrarlo, dejar de verlo y autoimponerse un límite en cómo y con quién se comparte”, aclara la profesional.

Los síntomas más comunes de esta moderna adicción son:

  • Tener como actividad número uno el uso del celular y dejar en un segundo plano lo cotidiano, como las relaciones familiares, estudios, trabajo o amigos.
  • Aislarse de la familia y tener comportamientos que generan problemas por pasar mucho tiempo navegando, hablando por celular o pendiente de los mensajes.
  • Usar el celular para hacer todas las gestiones posibles, reduciendo al mínimo el contacto personal.
  • Manipular el teléfono en reuniones con amigos, en el trabajo, en la casa y hasta en el baño.
  • Mirar la pantalla cada dos minutos, aunque no se espere ninguna llamada.
  • Sentirse incompleto e inseguro cuando no se tiene el celular cerca.
  • Estresarse al estar en un lugar donde no se puede usar, igual que un fumador adicto.