La última encuesta del Centro de Estudios Públicos es un buen resumen del efecto que han tenido en la opinión pública los cuatro años de gobierno de la Nueva Mayoría. Durante el período en que comenzó a eclipsarse el ciclo de la transición, surgieron los movimientos sociales y finalizó su existencia la Concertación como pacto político, apareció como derrotado el ideario político y cultural de la centroderecha.

Sobre esa virtual derrota es que se levantó el discurso igualitarista que, fundado en la pretensión de levantar un “nuevo modelo”, intentó sacarnos de la senda que, bajo los gobiernos concertacionistas y del Presidente Piñera, nos convirtió en el país más desarrollado y con mejor calidad de vida de América Latina. La Nueva Mayoría, con los votos necesarios en el Congreso, impulsó este ideario de cambios, pero se estrelló contra un muro que, antes que político es el conjunto de valores que informa a esta sociedad eminentemente de clase media que es el Chile de hoy.

En este último estudio el expresidente Piñera aparece por lejos como el candidato mejor posicionado para ganar la elección del próximo domingo 19, pero si uno mira un poco más los datos ve que la explicación de este favoritismo no es meramente electoral. La agenda de “cambio de modelo” es obviamente rupturista, tiene un componente de conflicto importante, pero el 58 por ciento de los encuestados prefiere líderes políticos que privilegien los acuerdos por sobre sus propias posiciones. Así, el discurso aquel que nos decía: “tenemos visiones distintas de sociedad, votemos”, se ha quedado sin sustento, pues la gente prefiere la búsqueda de caminos compartidos. Es evidente que esto no favorece los cambios radicales, poco pueden esperar, por lo tanto, el Frente Amplio y las otras opciones rupturistas o el propio senador Guillier.

La encuesta señala asimismo, que el 65 por ciento de los chilenos -dos de cada tres- considera que el país está estancado o en decadencia. Difícil una respuesta más lapidaria para una gestión como ésta, cuyo sello han sido las “grandes transformaciones”. Es decir, la Presidenta considera que ha cambiado el país, pero los ciudadanos creen que lo entrega estancado. Por último, mientras un 16 por ciento se identifica con la izquierda, un 20 lo hace con la derecha.

Mi tesis es que en los últimos ocho años se ha dado una confrontación entre la agenda de la movilidad social, propia de la centroderecha, y la de la desigualdad, propia de la izquierda. Hasta ahora, el país prefiere por amplio margen la oferta de progreso que ofrece el mercado, a la de la redistribución del estatismo. Por eso hoy quiere volver a los acuerdos, son más los que se identifican con la derecha y la mayoría vota por Piñera, arquetipo del Presidente que impulsa el crecimiento.

En definitiva, la llamada batalla cultural muestra buenos auspicios para un nuevo gobierno de la centroderecha.

/Blog de Gonzalo Cordero para el diario La Tercera

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