Las expectativas electorales de la derecha son hoy las mejores desde 1989. Si este domingo se dan los resultados que vaticinan las encuestas, Chile Vamos puede alcanzar un triunfo histórico tanto en la presidencial como en las parlamentarias.

El éxito, sin embargo, es un arma de doble filo. Si no lo administra adecuadamente, Chile Vamos puede terminar cayendo en errores análogos a los que cometió la Nueva Mayoría (NM) tras su victoria aplastante en 2013.

En esa ocasión, la NM pensó que había recibido un mandato para la transformación total de la sociedad. Creyó tener en su poder un cheque en blanco. Intentó poner al Estado en el centro de todas las soluciones, más allá de todo realismo presupuestario y político, utilizando una retórica “ciudadana” que no pocas veces rozó el populismo. El fracaso fue rotundo y seguramente terminará de concretarse este domingo con un revés electoral de proporciones.

Lo más probable es que el péndulo ahora se mueva hacia la derecha. Pero se equivocaría Chile Vamos si, al igual que le ocurrió a la Nueva Mayoría hace cuatro años, analiza mal su casi garantizada victoria.

Lo primero es descifrar adecuadamente la votación, para interpretar el estado de ánimo del electorado. Sin duda, éste se ha desilusionado con la Nueva Mayoría, lo cual no significa que no conserve muchas de las inquietudes e insastisfacciones que se hicieron evidentes en 2011 y que fueron tan mal leídas por la primera administración de Sebastián Piñera.

Los sondeos muestran que la gente sigue molesta y desconfiada. La centroderecha debe estar atenta a esa realidad para garantizar la gobernabilidad post Nueva Mayoría. Esto supone sortear un doble peligro: por un lado, la tentación de creer que aquí no ha pasado nada y que los últimos años han sido solo un paréntesis que es posible hacer a un lado como un mal sueño; el otro riesgo es perder la convicción para hacer frente a los obstáculos y presiones que surgirán desde el 11 de marzo de 2018.

Ni una ni otra son respuestas adecuadas. Lo aconsejable es reconocer los problemas y ofrecer soluciones propias, basadas en el amplio instrumental ideológico de la derecha. Sin soberbia, pero sin complejos, Chile Vamos puede hacer un gobierno exitoso si refresca su ideario y lo adapta a las condiciones actuales. Ello demanda un sólido liderazgo presidencial, imprimirle un carácter nacional y solidario al proyecto de la derecha, abrazar con fuerza la causa anticorrupción y revalidar cuestiones fundamentales como la disciplina fiscal, la competencia libre y leal, la vinculación entre derechos y responsabilidades o la promoción de la iniciativa privada.

Si, como se espera, el país vira hacia la derecha el domingo, Chile Vamos se encontrará con una oportunidad única y quizás irrepetible para poner en marcha un proyecto auténtica y distintivamente propio. Si no lo hace ahora, ¿cuándo entonces?

/Columna de Juan Ignacio Brito para La Tercera

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