No son buenos los augurios que aparecen en materia económica para el 2017. Junto al empeño del ministro Valdés, y la contención que ha debido realizar de distintas presiones, el secretario de Estado ha intentado mantener su optimismo y ha planteado que las cosas van a mejorar este año.

Pero sus buenos augurios no han ido de la mano de las proyecciones y cifras económicas, las que se mantienen apenas conservadoras. Y en muchos casos definitivamente frustrantes.

Así, por ejemplo, el Informe de Política Monetaria (IPoM) de diciembre, elaborado por el Banco Central de Chile, redujo la proyección de crecimiento del PIB para 2017 a un rango entre 1,5% y 2,5%, comparado con el 1,75% – 2,75% esperado en septiembre.

“Para el año 2017, la menor velocidad inicial, en un contexto de mayores riesgos y niveles de confianza que siguen siendo marcadamente pesimistas, hacen prever que la actividad demorará algo más en lograr tasas de crecimiento cercanas a su potencial”, se lee en el estudio.

Con respecto al año 2016, el IPoM estima que la actividad económica crecerá en 1,5%, “lo que se ubica en el límite inferior del rango estimado en septiembre, dando cuenta del menor crecimiento previsto para el cuarto trimestre”.

En este sentido, el documento plantea: “El mayor crecimiento del 2017, relativo al 2016, se justifica en que la economía se encuentra balanceada, que el sector minero no repetirá las fuertes caídas de los años previos y que la inversión mostrará un aumento después de tres años seguidos de caídas anuales”, a lo que añade que “el efecto de estos cambios será más evidente en la segunda mitad del año”.

El documento elaborado por el BC indica que, tal como lo ha hecho durante los últimos meses -situándose en 2,9% en noviembre-, “la inflación anual continuará descendiendo, ubicándose por debajo de 3% durante gran parte del 2017, y en torno a ese valor el resto del horizonte de proyección”. En el IPoM se agrega que “en ello incidirá una importante reducción del IPC SAE (IPC menos alimentos y energía) explicada por distintos elementos”.

“Por un lado, la trayectoria del tipo de cambio seguirá contribuyendo a la reducción de la inflación de bienes importados. Por otro, se agrega, que más allá de los efectos base asociados al impuesto de timbres y estampillas, se espera que la inflación de servicios siga descendiendo gradualmente, ayudada en parte porque la menor inflación con la que terminará el 2016 afectará los precios indexados durante la primera parte del 2017”, sostiene el informe.

En cuanto al tipo de cambio, el supuesto de trabajo del escenario base de este IPoM presume que “el tipo de cambio real se depreciará gradualmente a lo largo del horizonte de proyección”.

Respecto de la Tasa de Política Monetaria (TPM), el ente emisor señala que “el escenario base del informe utiliza como supuesto de trabajo que esta seguirá una trayectoria comparable con la que incorporan las distintas medidas de expectativas. Esto involucra la posibilidad de recortes en la tasa en la medida que se confirmen las proyecciones del escenario base, tal como lo indicó el Consejo en su comunicado de la última Reunión de Política Monetaria”.

“Con esto, se asegura que la política monetaria continuará siendo expansiva a lo largo de todo el horizonte de proyección”, indica el informe, pero agrega que “como siempre la implementación de la política monetaria y eventuales ajustes de la TPM serán contingentes a los efectos de la nueva información sobre la dinámica proyectada para la inflación”.

En medio de este escenario, el economista Felipe Morandé plantea su desazón con las últimas cifras que dan cuenta de una economía chilena que está lejos de recuperarse. De hecho, para Morandé se trata solo de la confirmación de que las cosas se mantendrán, como lo han venido haciendo hace ya unos años, es un plano de mediocridad.

Años mediocres

-El Imacec de diciembre del año pasado se expandió 1,2%, lo que hace suponer que la economía chilena finalizó con un aumento del PIB de 1,5%, lo que es su peor desempeño desde el 2009. No son buenas noticias para las aspiraciones de recuperación económica…

-Efectivamente, se trata de un muy pobre desempeño especialmente cuando la economía mundial no está en medio de ninguna crisis y crece en forma moderada (un punto porcentual más que nuestro país). Además, dado que en 2017 se espera un crecimiento del PIB no mucho mayor en Chile, completaríamos cuatro años muy mediocres, con un promedio menor a 2% anual.

-¿Visualizas alguna razón específica que esté impidiendo un despegue que vuelva a colocar al país en una situación de clara recuperación? ¿Son explicaciones más internas que externas?

-Hemos vivido una tormenta perfecta en estos cuatro años: un precio del cobre bajo y una caída notable de la confianza del sector privado como consecuencia también de las reformas económicas implementadas por el gobierno. Ambos factores han hecho caer la inversión año tras año, arrastrando tras de sí al consumo privado y a la recaudación tributaria, limitando esto último los grados de libertad para la expansión del gasto público. Aunque en el último tiempo el ministerio de Hacienda ha tratado de mejorar el clima de negocios enfatizando la austeridad fiscal, lo cierto es que la mayor carga tributaria que trajo la reforma y el escenario de mayor conflictibilidad laboral que se espera a partir de abril, con la implementación de la reforma respectiva, no permiten augurar mejoras sustanciales en la confianza empresarial en el corto plazo.

-¿Ninguna medida o situación que podría ayudar a mejorar el panorama?

-Lo que sí podría reanimar la inversión este año es que se sostenga un precio del cobre superior a los US$ 2,6 por libra y que el panorama político anticipe un cambio de foco hacia políticas pro crecimiento en el futuro, con un nuevo gobierno. Si así fuera, la inversión en minería (y de atrás la construcción) podrían asomar la nariz, en tanto el clima de negocios mejoraría ante la expectativa de un cambio de enfoque. No obstante, aún en este escenario más favorable, el crecimiento este año podría alcanzar apenas 2,5%.

-¿Es  lo que cree la gente o los mercados (expectativas) tan importante como para torcer esta tendencia?

-Definitivamente sí, que las expectativas respecto del futuro económico sean mejores es una condición necesaria para que aumente la confianza empresarial y repunte la inversión. Sin embargo, no es suficiente. Quienquiera que asuma el gobierno en 2018 debe no solo procurar con su discurso un tono que mejore el clima de negocios, sino que además debe implementar un programa con medidas concretas que permitan al país volver a crecer. Por de pronto, una simplificación del código tributario que contemple la reinstalación de estímulos a la reinversión de utilidades y una modificación al código del trabajo con énfasis en flexibilizar aquellos aspectos del código del trabajo que no tienen que ver con la negociación colectiva, como las jornadas de trabajo, el teletrabajo, el trabajo part-time, la capacitación laboral, etc.

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