Estoy triste. Es un momento difícil para mi partido y particularmente incierto para el país. Una vez más las encuestas han sido derrotadas por la realidad y los analistas quedan desorientados. Lo que ha ocurrido en Chile, con la alta e imprevista votación del Frente Amplio y José Antonio Kast es parte de un fenómeno mundial, que ya se constató en la cuestión del Brexit, en el proceso de paz de Colombia o en el triunfo de Trump: una curiosa mezcla entre personas que prefieren quedarse en sus casas incluso cuando se están jugando cosas importantes y otras que deciden apoyar a quienes están, en mayor o menor medida, en contra del sistema.

Con todo, hay algunos puntos que conviene destacar, y el primero de ellos tiene un nombre: Carolina Goic, que no tuvo temor a la hora de hacer una propuesta distinta y responsable. Ella planteó al país iniciativas programáticas audaces, pero bien estudiadas y viables desde el punto de vista financiero. Lamentablemente, el panorama interno de la Democracia Cristiana no le fue propicio. Tuvo que enfrentar innumerables obstáculos, cuando no verdaderas estocadas de parte de personas que se estaban postulando para ocupar cargos parlamentarios, que veían como una debilidad el hecho de que el Partido Demócrata Cristiano se atreviera a ofrecer algo propio al país. Por ello, ¡gracias Carolina Goic!

Pienso también que, en momentos de crisis, la reflexión resulta absolutamente necesaria. Era el momento para que la DC sufriera su propio duelo y viese con calma cuáles eran los caminos que correspondía seguir, con fraternidad y escuchando a nuestros militantes. (Es lo que está haciendo el Frente Amplio en estos días). En vez de eso, se han tomado decisiones precipitadas, que no le hacen bien al partido.

Así las cosas, no solo la Democracia Cristiana parece estar especialmente confundida, sino que en Chile nos encontramos enfrentados a un escenario de inquietante polarización. Nuestro país parece haberse quedado sin centro político y eso es grave, porque ese sector político ha sido desde siempre la clave de la estabilidad de nuestra democracia. Allí, como DC, tenemos un trabajo importante que realizar, con un diagnóstico adecuado y trabajo de diálogo con el país y propuestas renovadas de acuerdo a nuestros principios.

Es de esperar que, como en otros momentos difíciles de nuestra historia, termine primando la racionalidad, que, más allá de quién resulte elegido presidente, los nuevos parlamentarios entiendan que, a pesar de sus diferencias, hay un país que necesita su acuerdo para resolver problemas graves y urgentes: la situación de nuestros niños vulnerables, de los adultos mayores, el combate a la pobreza. No tenemos derecho a desperdiciar lo que Chile ha construido durante décadas, con la altura de miras de quienes supieron iniciar un nuevo camino una vez acabada la dictadura. Dios nos ayude a contar con esos hombres y mujeres, porque los necesitamos. Los necesitamos con urgencia.

/Columna de Soledad Alvear para el diario La Tercera

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