Como parte de la ayuda internacional para buscar a los 44 tripulantes del ARA San Juan, el gobierno ruso aportó el avión Antónov An-124, uno de los más grandes del mundo, barco especializado para colaborar con el rastreo del submarino desaparecido. Pero además, los rusos aportarán un navío que tiene un pasado que genera suspicacias entre los observadores internacionales.

El Yantar (ámbar en ruso) se incorporó a la flota rusa en mayo de 2015. Oficialmente reconocido como un “barco especial multipropósito” o buque oceanográfico, cuenta con batiscafos tripulados y autónomos que pueden sumergirse a una profundidad de hasta 6.000 metros, lo que le permite realizar rastrillajes en el fondo submarino.

Ahora bien, la embarcación depende de la Dirección Central de Investigación Submarina de la Marina Rusa. Se cree que este organismo está destinado a controlar operaciones de espionaje bajo el mar, informó el portal Popular Mechanics.

El Yantar actúa como el buque nodriza donde se alojan los mini-submarinos, junto a sus respectivas grúas para bajarlos al agua. Y aunque tiene el aval para realizar investigación científica, lo cierto es que el barco frecuentemente es visto sobre los cables submarinos que transportan datos a través del fondo oceánico, que conectan con la red mundial de telecomunicaciones. Por ejemplo, esos cables bajo el lecho marítimo ingresan a la Argentina a través de la ciudad balnearia de Las Toninas.

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