El gobierno celebró con bombos y platillos la aprobación de la ley que implicaba el fin del sistema binominal para elegir a los parlamentarios, y la creación de un sistema proporcional que implicaría el aumento de 120 diputados a 155, y de 38 senadores a 50.

Sin entrar en los problemas graves que se pudieron observar tras la elección del pasado 19 de noviembre, como los mega-distritos, o que asumirán parlamentarios que obtuvieron menos del 2% de los votos. Es necesario destacar un aspecto fundamental que ya está siendo polémico.

El gobierno señaló en 2015 que el aumento de parlamentarios antes mencionados no implicaría un aumento de gastos, a pesar de lo que nos dice la lógica. En esa oportunidad el ex Ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo y el entonces vocero de Gobierno y hoy Presidente del Partido Socialista, Álvaro Elizalde, fueron enfáticos en lo anterior y en que la ciudadanía no debía preocuparse ya que los recursos saldrían del mismo poder legislativo.

Hoy vemos un conflicto entre los diputados y los senadores: unos dicen que no han hecho los esfuerzos necesarios y otros indican que no les alcanzarán los recursos y que efectivamente se necesitarán más fondos, tal como la oposición en ese momento lo señaló.

El gobierno prefirió hacer oídos sordos a la prensa y a la oposición y reiteró en diversas ocasiones que no aumentaría  el gasto parlamentario. Lamentablemente, otra cosa es con guitarra y ahora que debe prepararse el cambio de legislatura, no saben qué hacer y el lobby de los parlamentarios, probablemente hará que se aumenten los recursos.

Acá hay una doble mentira inaceptable: la primera es del gobierno cuando avanzó como caballo de feria con una reforma que demostró tener serios problemas de diseño y planificación; la segunda es de los parlamentarios incluso de sectores de ChileVamos que fueron cómplices de una reforma mal hecha, donde al parecer el remedio resultó ser peor que la enfermedad.

Ya es discutible que Chile necesite tantos parlamentarios. Es obvio que  hay un desprestigio de la clase política y de los senadores y diputados. Por lo mismo hay que ser doblemente cuidadosos, por el bien de la democracia chilena y una adecuada administración de los siempre escasos recursos públicos.

/Columna de José Francisco Lagos para el diario La Tercera

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