LA PRESIDENTA de la Democracia Cristiana (DC), Carolina Goic, comunicó recientemente dos decisiones importantes: su voluntad de ser la precandidata presidencial de la DC y de someter su liderazgo al escrutinio de la primaria de la Nueva Mayoría (NM). Esta última decisión -que debe ser ratificada por una Junta Nacional y que ya tiene la oposición del ala neoliberal de la DC- es especialmente relevante. Al descartar, la presidenta de la DC, el “camino propio”, parecía despejarse una de las principales incógnitas del actual escenario político: la continuidad de la DC en la NM.

Los opositores a la participación de la DC en unas primarias de la NM argumentan que ésta no tiene posibilidades de ganar y que su participación solo contribuiría a legitimar una candidatura y un programa de continuidad de la actual administración. Nunca han estados cómodos en la NM, la consideran muy estibada hacia a la izquierda, y proponen ir a la primera vuelta.

¿Puede la DC ganar una primaria de la NM? En las recientes primarias de alcaldes no tuvo problemas para ganar cuando tuvo candidatos competitivos. Sin embargo, aún están en su retina las apabullantes derrotas de Zaldívar y Orrego en primarias presidenciales. El dato duro es que la DC viene sufriendo una declinación electoral desde el año 90 a la fecha, periodo en el que ha perdido más de un millón de votos. Si los resultados en una primaria son inciertos, una competencia abierta en primera vuelta puede conducirla a una derrota de proporciones -presidencial y parlamentaria- que acelere su declinación electoral y política. En los clásicos “tres tercios” de la política chilena hace rato que la DC es el tercio más pequeño, lo que se ve disimulado por la dispersión de la izquierda (la cual, de matizar su obsesión identitaria con políticas de unidad, sería el tercio más grande y no el archipiélago actual).

En un escenario de alta incertidumbre electoral no se puede afirmar que la precandidatura de la senadora DC parta mejor o peor que otras. Su opción la ha fundamentado no en su popularidad en las encuestas -es una candidata que no marca- sino en su pertenencia a una tradición y una doctrina -la socialcristiana- que tiene o cree tener algo que decir en una elección presidencial. La popularidad puede venir o no, pero lo primero es la voluntad de representar un proyecto político.

Es claro que el dilema por delante no es solo electoral sino también político. Una parte de la DC duda de su continuidad en la NM por considerarla una alianza con una hegemonía muy inclinada a la izquierda. Parte de esta última duda que un espectro político tan amplio como el que recoge la NM tenga la capacidad operativa de realizar los cambios que se propone. La experiencia de la NM es que luego de su impulso transformador inicial su capacidad de cambio se vio neutralizada. La participación o no de la DC en la NM es solo una parte del problema, la otra es cómo lograr conformar un bloque político con la coherencia necesaria para realizar los cambios a los que se compromete.

/Columna de Ernesto Águila para el diario La Tercera

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