Levantó la mano y tomó la palabra en uno de los plenos de la Corte Suprema. El ministro Haroldo Brito argumentó que por antigüedad le correspondía ser presidente del máximo tribunal e hizo un punto con sus pares que llevan más tiempo, pero que ya expresaron -por diversos motivos- no querer asumir el cargo: “Yo sí quiero”.

Lo que el senador RN Alberto Espina auguró el 18 de abril en la Comisión de Constitución del Senado se ha hecho realidad. Esa vez el parlamentario inauguró la ronda de preguntas a quien en ese momento era la candidata de la Presidenta Michelle Bachelet para asumir el cargo de fiscal judicial de la Corte Suprema, la ministra Lya Cabello.
-Hay una posibilidad de que el ministro Haroldo Brito sea presidente de la Corte Suprema aun cuando no es a quien le corresponde en el orden de sucesión actual.

La reflexión de Espina en esa oportunidad fue en el marco de una “consulta por un asunto personal”, que él hizo a Cabello -quien luego fue ratificada por el Senado- debido a que tiene una relación sentimental desde hace años con el juez Brito y, en ese marco, que su pareja asumiera como máximo representante del Poder Judicial podría provocar “alguna inhabilidad”, advirtió el congresista.

Lo que en ese momento era sólo un juego de probabilidades esbozado por el senador RN, acaba de concretarse y Brito se convertirá en el trigésimo séptimo presidente de su historia, cargo que será ejercido por el bienio 2018-2020.

El ministro Haroldo Brito, de 69 años, no es el más antiguo del máximo tribunal. La tradición honra que el juez que ha permanecido más años en la Suprema sea el candidato natural a liderar el Poder Judicial. Antes que él llegaron a la Suprema los ministros Patricio Valdés, Héctor Carreño y Carlos Künsemüller. El primero cumple 75 años en febrero -edad tope para ejercer sus labores-, por lo que debe retirarse del máximo tribunal, aunque podría quedarse si sus pares acuerdan “prestarle tiempo” y extender en dos años su permanencia en el Poder Judicial. La Constitución permite esa excepción, pero no es una idea popular entre supremos.

Carreño y Künsemüller ya expresaron que no quieren ser presidentes. Con un escenario que se despejó hace algunas semanas, el camino quedó expedito para que Brito, de perfil progresista y referente de los dirigentes de la Asociación Nacional de Magistrados, levantara la mano y expusiera ante sus pares su disponibilidad para dirigir la Corte Suprema.

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