Ayer miércoles 22 de febrero se entregará en La Habana el Premio Oswaldo Payá “Libertad y Vida” al secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro. En la ocasión también se le iba a entregar el premio a Mariana Aylwin, en representación de su padre, el ex presidente de la República don Patricio Aylwin. Sin embargo, la ex ministra de Educación no pudo asistir al acto porque el régimen cubano le negó la entrada.

Esto viene a poner sobre la mesa varias cuestiones importantes.

Primero, que la lucha por la libertad y la democracia que encabezó Oswaldo Payá (1952-2012) sigue más viva que nunca en la isla. Payá fue uno de los más importantes líderes de la oposición política a la dictadura de Fidel Castro. Dirigió el Proyecto Varela, que reunió las firmas necesarias para solicitar enmiendas a la Constitución cubana, pedido que no solo fue ignorado por el régimen, sino que significó nuevas persecuciones contra los opositores. Fundó el Movimiento Cristiano Liberación en 1988, que buscó defender los derechos humanos de los cubanos.

En mayo de 2011 me tocó visitar Cuba y pude reunirme con Yoani Sánchez, la destacada bloguera, y con el propio Payá. Ambos realizaban una importante tarea de denunciar los abusos de los Castro y si bien muchas veces no coincidían en las formas de realizar esa oposición, creo que ambos eran, en cierto modo, complementarios.

Yoani Sánchez representa la oposición del siglo XXI, en la que se realizan denuncias por Twitter y las argumentaciones se suben a un blog. Oswaldo Payá realizaba una oposición tradicional del siglo XX: fundó movimientos, escribió discursos y manifiestos, reunió firmas, aglutinó simpatizantes y fue de los pocos que levantó la voz, cuando aún no se derrumbaba el consenso internacional -bastante amplio en una opinión políticamente correcta- que protegía a los Castro.

Cada uno aportaba desde lo que sabía hacer. Conversando con Payá en su pequeña casa en La Habana, nos relató cómo su familia había pagado los costos sociales de su oposición política: sus hijos no habían podido acceder a la universidad, sus trabajos dependían de la generosidad estatal y vivían permanentemente vigilados. Nos contó que Fidel había dado órdenes para que él no lo sobreviviera. Por eso, no me llamó tanto la atención cuando al año siguiente Oswaldo Payá apareció muerto en dudosas circunstancias. El mundo le tributó un sentido homenaje en agradecimiento por su labor pública y privada a lo largo de varias décadas. El premio que lleva su nombre es una manera de honrarlo nuevamente.

En segundo lugar, la prohibición a Mariana Aylwin de participar en la entrega del premio muestra –una vez más- el rostro de la dictadura cubana, que no tolera las opiniones diversas. Resalta también las equivocadas afirmaciones de la Presidenta Bachelet -que nunca ha ocultado su admiración por el dictador- cuando presentó sus condolencias a Raúl Castro por la muerte de su hermano y lo calificó como “un líder por la dignidad y la justicia social en Cuba y América Latina”.

Muchos pedirán que Bachelet intervenga en defensa de Mariana Aylwin, pero es muy difícil que eso suceda. El corazón de nuestra Presidenta está más cerca de los Castro que de los demócratas de América Latina. El Gobierno señaló que “hará presente a las autoridades cubanas su malestar” y que llamará a informar al embajador de Chile en La Habana, pero bien sabemos –como lo expresó la propia Mariana Aywlin-, “que lo que es inadmisible es la dictadura en Cuba” y no una decisión puntual como prohibirle viajar. Por esto todos los chilenos partidarios de la libertad política -en la centroderecha, la Democracia Cristiana y la izquierda democrática- deben condenar en forma unánime y sin ambigüedades este nuevo abuso castrista.

Lo ocurrido esta semana nos recuerda que se debe seguir trabajando para recuperar el sistema democrático en Cuba. La tarea no será fácil, ha costado muertes y una larguísima dictadura. Pero figuras como Oswaldo Payá sin duda siguen siendo un ejemplo moral en la lucha que vea amanecer la libertad y la justicia para los cubanos. Esperamos que pronto.

Julio Isamit, coordinador general de Republicanos para El Líbero

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