Con el desprecio de las democracias liberales de Estados Unidos, Reino Unido y Francia, así como con el de las superpotencias China e India, hoy se ha celebrado en Oslo la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz concedido a la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN), el organismo que reúne 468 asociaciones internacionales contra las armas nucleares, por resaltar “las catastróficas consecuencias humanitarias de cualquier uso de las armas nucleares y por sus esfuerzos para alcanzar un tratado que las prohíba”.

Es ese rechazo al Tratado sobre la prohibición de las armas nucleares, firmado por 133 países miembros de las Naciones Unidas en julio, el motivo del boicot a la ceremonia expresado diplomáticamente con la ausencia de los embajadores de estos países. “Queremos destacar nuestras reservas con respecto al proyecto de ICAN, es decir, la prohibición de las armas nucleares y el tratado de la ONU negociado en Nueva York”, fueron las palabras de Véronique Minassian, asesora de la embajada de Francia en Noruega, a la cadena NRK. No impidió esa ausencia física, ni sus reservas, que los galardonados les interpelaran hoy a “liberar el mundo de la terrible amenaza” que son las armas nucleares.

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