Chile tendrá un nuevo Presidente y será usted quien decida el nombre de quien regirá los destinos del país por los próximos cuatro años. Por lo mismo, medite bien su voto, porque después no hay vuelta atrás,  no se saca nada con llorar si nos equivocamos. Usted, que no se identifica  con una ideología política y que sólo aspira a que el futuro sea mejor para el  país, por el porvenir de sus hijos y por  la buena salud de nuestra democracia. Pregúntese, qué representa cada uno de los candidatos: Alejandro Guillier (lo ha dicho el mismo) es la continuidad del gobierno de Michelle Bachelet. Está claro que Guillier va a insistir en el uso de la retroexcavadora para aniquilar el modelo que llevó a Chile a ser considerado “un milagro económico” y que hoy se ha transformado en un impresentable déficit fiscal de 75 mil millones de dólares. Profundizará la reforma tributaria que ha paralizado la inversión en el país. Prometerá demagógicamente “educación gratuita para todos”, a sabiendas que eso es imposible. Insistirá en una reforma laboral, que sólo ha traído paros, huelgas y protestas, día tras día. Ampliará la apertura de fronteras, permitiendo la llegada indiscriminada de extranjeros y que Antofagasta ha sufrido más que ninguna otra región del país. Y todavía puede ser peor. Porque el discurso de Guillier es aún más polarizador que el de la propia Bachelet. Utilizar frases de personajes tan destructivos para la democracia como lo fueron el Che Guevara o Fidel Castro no es casualidad. ¿Qué significa, por ejemplo meterle la mano en el bolsillo a los ricos? ¿Es posible que un cambio constitucional imponga la reelección presidencial inmediata e indefinida, al estilo de Evo Morales y Nicolás Maduro? Todos estos riesgos están implícitos en el “Hasta la victoria siempre” con el que Guillier terminó un discurso en Concepción, nido del MIR y del FPMR. ¿Qué le puedo decir de Piñera? Me basta con recordarle que su gobierno fue el que tuvo un mayor crecimiento desde el retorno de Chile a la democracia y que como nunca antes (y menos aún, después) se crearon tantos empleos, se disminuyó la delincuencia y se reconoció a nuestro país como “los Estados Unidos de Sudamérica”. Esa es la diferencia entre uno y otro candidato. Tan sencilla y explícita como esa. Y el Gobierno lo sabe, por eso ha desarrollado en los últimos días un intervencionismo electoral nunca visto e impropio de un país serio como es el nuestro. ¿Por qué lo han hecho? ¿Será porque están conscientes que van a perder?

/Columna de Waldo Mora Longa publicada en la página editorial del diario El Mercurio de Antofagasta

/gap