Su hijo, algunos colaboradores, amigos, su jefe de gabinete y militantes de base. Ningún presidente de partido de la Nueva Mayoría ni los principales líderes de la coalición se aparecieron ayer por el hotel Plaza San Francisco para acompañar a su ahora ex abanderado presidencial, Alejandro Guillier, en lo que sellaría el final de su carrera a La Moneda.

Durante el día, los partidos del bloque realizaron sus propias reuniones, por separado, para analizar el escenario, mientras que Guillier sólo ofreció una conferencia de prensa en ese hotel y el resto del día permaneció principalmente en su hogar.

Tras convertirse en el candidato de la centroizquierda con el peor resultado en un balotaje desde 1999, ante cerca de unas veinte personas y la prensa, el senador hizo su primer balance -un poco más en frío- de los resultados de los comicios que el domingo terminaron con su aventura presidencial y dieron por ganador a Sebastián Piñera.

En línea con el discurso que pronunció el domingo tras reconocer el triunfo “macizo y categórico” de su contendor, el legislador asumió sobre sus hombros la responsabilidad de la derrota.
“Lamento yo no haber estado a la altura de las circunstancias y no haber hecho más”, sostuvo un Guillier agotado y a ratos emocionado. “Asumo como primera causal mi propia responsabilidad en tener un mejor liderazgo, más claro, más firme”, prosiguió, con un marcado tono autocrítico.

Durante su discurso, el senador profundizó en su cuestionamiento a la política tradicional, representada -como tantas veces lo dijo durante su campaña- en el bloque que respaldó su aspiración presidencial: la fragmentada y agonizante Nueva Mayoría.

“En las derrotas es cuando más se aprende. Y cuando las derrotas son severas, como la que hemos vivido, eso nos obliga a cambiar mucho más”, dijo Guillier. Luego, el senador confidenciaría que en su reunión con los líderes del bloque, tras conocer los resultados, vio “voluntad, disposición y conciencia de que como nunca tenemos que trabajar unidos para levantar una sólida oposición progresista en el Congreso y lograr las reformas que el país necesita”. Y agregó: “Tenemos que unirnos para ser mucho más eficaces en aquello, y además tendremos que aprender a articularnos con nuevas fuerzas políticas y nuevos liderazgos que están surgiendo para poder unirnos, y no sólo desde los partidos políticos, también en los movimientos sociales, para que la agenda de reformas sea el corazón de la gestión del próximo gobierno”.

En otros pasajes de su alocución, Guillier ahondó en su análisis inicial de los resultados. “Creo que el país ha cambiado una enormidad. Y lo que nos tiene desconcertados a todos es que en la primera vuelta uno sintió un bandazo a la izquierda, y en la segunda parecía ser un bandazo a la derecha”.

Como es costumbre, el otrora candidato se daría tiempo para bromear sobre el triunfo del ex mandatario. “Anoche conversaba con el propio Sebastián Piñera y estaba tan desconcertado como yo con el resultado, sólo que él estaba más contento”, dijo entre risas.

Pero más allá de los números, el senador subrayó la agenda progresista que marcó el debate de la campaña. “A pesar de los resultados adversos en lo electoral, me siento profundamente lleno, comprometido, alegre, porque la agenda que se debatió en estas elecciones y por la que votaron los chilenos es la agenda de progresismo”, sostuvo, advirtiendo que “quienes ganaron esta elección van a tener que asumir y honrar su palabra para cumplir con el compromiso de seguir avanzando en esas reformas”.

En ese sentido, Guillier aseguró que la gobernabilidad en la próxima administración dependerá “esencialmente de la capacidad de articular alianzas con los sectores de la oposición”.
El senador también tuvo minutos para responder a la principal interrogante que se alzaba la noche del domingo sobre su propio futuro: ¿Será Guillier el líder de la oposición a Piñera?

“No sé si la palabra sea líder de la oposición, pero tengo conciencia de que tengo una enorme responsabilidad”, dijo, junto con señalar que “estaré disponible en la primera línea para dar gobernabilidad a Chile”.

Así, reafirmó que estará en la política “mientras la ciudadanía y el pueblo me den la confianza y sienta que puedo hacer una contribución”. Y al final, cuando se le preguntó sobre si estaría dispuesto a repostularse al sillón presidencial, dijo: “Pensar ahora, después de una derrota, en tener aspiraciones futuras es un poco precipitado. Yo agradezco la pregunta, pero estaré disponible a trabajar por todas las chilenas y chilenos. Falta demasiado tiempo, hay que evaluar cómo va. Y si surgen liderazgos mejores, uno tiene que ser generoso en política. No hay que aferrarse demasiado a cargos ni a sueños”.

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