“Ah, tenemos visitas de la cordillera que vivieron a conocer la pobla”;”Chuuu, llegó un furgón con puro momiaje”; “¡Por qué se vinieron a meter tan lejos!”; “¿Qué se siente estar entre flaites?”; “Váyase a tomar sol a la piscina mejor”, fueron frases que tuvieron que escuchar muchos de los más de 50 mil apoderados de mesa de Chile Vamos en distintos locales de votación el domingo pasado.

Y en ese sentido, concuerdo con lo expresado por la diputada comunista Karol Cariola, tras la derrota de Alejandro Guillier: “Vi en Recoleta una cantidad de personas que no había visto nunca, de pelo muy rubio, sin querer discriminar con eso. Y eso no lo vi en primera vuelta”.

Ahora, lo que le faltó agregar a la diputada fue que no eran sólo rubios los que llegaban, sino también colorines, castaños, morenos, pelados, gordos, flacos y teñidos, porque desde la vuelta a la democracia en 1990, la centroderecha nunca se había movilizado así desde sus bases. Porque hay que decirlo. Es un sector, en lo que a elecciones se refiere, flojo, cómodo, que le cuesta salir de su zona de confort, poco comprometido y cero jugado, en general.

¿Pero qué pasó ahora? Sin duda confluyeron múltiples y relevantes factores, de los cuales quiero destacar el que por primera vez, vemos —en la segunda vuelta— una cúpula de la centroderecha unida, sin pegarse codazos, con liderazgos diversos, pero poniendo siempre como fin el cuidar Chile y dejando el alma en las calles… y eso entusiasmó.

Por otra parte, se vieron irregularidades en las votaciones de la primera vuelta (que fueron cubiertas por medios de comunicación) y la gente se asustó, y eso tocó a las bases. Hubo una tremenda campaña a través de las redes sociales llamando a ser apoderados (misma estrategia utilizada por Mauricio Macri en Argentina) y la gente se sintió tocada. Tan tocada que se logró tener más de un apoderado por mesa. Un total de 50 mil personas, es decir, la población de una ciudad como Villarrica, Lota, Tomé, Ancud, o Constitución. Y aquello tuvo un efecto multiplicador, porque si el del lado iba a ser apoderado, “cómo yo no voy a ir a votar. Es lo mínimo”, se cuestionaron muchos. Y así se fue creando un ambiente de “yo también debo hacer algo”. Y eso se llama mística, secular, pero mística, que va contagiando.

Sin duda, este fue un importante factor del triunfo: los que fueron a votar y no lo hacían hace tiempo, y la presencia de los apoderados. En mi mesa (fui apoderada) un votante no iba desde 1990 , y por otra parte, logré que dos votos que querían pasar por nulos fueran objetados a mi candidato. Y así puede haber ocurrido en miles de mesas.

Claramente los soldados en una elección son fundamentales (Sebastián Piñera logró 600 mil votos más que Alejandro Guillier). Pero la tarea no ha terminado, hay que ser más activos en política: cumpliendo el deber de denunciar irregularidades, hacer voluntariados, ser éticos en los negocios, exigir la boleta, pagar sueldos dignos, participar de las juntas de vecinos, etc… Y por supuesto, en 2021, además de votar, estar cuidando la urna.

Rosario Moreno C., periodista y licenciada en Historia UC para El Líbero

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