Hace muchos años dejé de escribirte, pero nunca es tarde para retomar esta linda tradición. Sé que no falta mucho para la Navidad, pero no podía contactarme contigo antes del domingo pasado. Recién ahí se supo finalmente quién será el Presidente de Chile por los próximos cuatro años y, como podrás imaginar, mi carta de deseos navideños sería radicalmente distinta (¡y mucho más larga!) si el resultado hubiese sido el opuesto.

No puedo dejar de manifestarte mi alegría por los resultados, porque estoy convencida que el próximo gobierno trabajará incansablemente por un Chile con más progreso y también más libre, justo y solidario. Pero de todos modos me gustaría pedirte un gran regalo que nos ayudará a asegurarnos de que así será: quiero que nuestro país vuelva a crecer con fuerza para poder crear más y mejores empleos. Porque al final del día tú y yo sabemos que es el empleo formal la mejor política social que podemos regalar para esta Navidad. Es la clave para que los más de dos millones de chilenos que aún viven en indigencia o pobreza puedan superar su condición, que es algo que todos anhelamos.

Pero también es lo que permitirá fortalecer a las cerca de cuatro millones de familias que hoy son parte de la clase media. Porque tú sabes que Chile ha cambiado, ya no somos los mismos desde la última vez que te escribí. En ese momento, a principios de los noventa, en nuestro país predominaba la pobreza y la vulnerabilidad. Gracias a las bondades de ese mismo crecimiento económico que me gustaría que abunde el 2018, ha aumentado el bienestar y mejorado nuestra calidad de vida, y nos hemos transformado en un país mayoritariamente de clase media. Para este segmento el empleo formal también es clave, porque si bien ya superó la pobreza y vulnerabilidad, contar con un buen trabajo es lo que les brinda seguridad para poder contar no sólo con un ingreso, sino con protección para la salud, accidentes del trabajo, un seguro en caso de caer en desempleo e incluso ahorro para la vejez.

Y si bien el crecimiento económico es un regalo que podremos disfrutar todos, esta Navidad no lo repartas a todos por igual y entrega sus beneficios en mayor medida a quienes más lo necesitan. Porque no todos necesitamos lo mismo y eso a veces se nos olvida cuando pensamos en política social. Mientras quienes están en pobreza requieren de un apoyo más solidario y quizás por más tiempo, la clase media busca que este mayor crecimiento económico se traduzca más bien en seguridades que le permitan resguardarse de un posible evento catastrófico que pueda poner en peligro su situación socioeconómica y volver a hacerle caer en pobreza o vulnerabilidad.

Es importante que esto lo entiendan quienes abogan por los derechos universales, que no es otra cosa que regalarles a todos por igual. Y sabemos que eso no es justo. No es justo, por ejemplo, que todos tengan el mismo aumento en su pensión. Más bien debiésemos entregar más apoyo a los pensionados más pobres o a aquellos que obtienen pensiones muy bajas no obstante cotizaron durante toda su vida laboral. Tampoco es justo entregar educación superior gratuita a todos si muchos pueden pagar por ella y otros, si bien no tienen los recursos al estudiar, al egresar, podrán financiar una cuota razonable de un crédito (cuyo pago podrá suspenderse en caso que su ingreso sea bajo o estén desempleados). Y ejemplos como estos hay por montones.

Ojalá no te olvides de esta carta Viejito, no sólo esta Navidad, sino todas las que vienen, porque estoy segura que tú también quieres que Chile, más temprano que tarde, se transforme en un país desarrollado y sin pobreza.

Alejandra Candia, Directora del Programa Social de Libertad y Desarrollo, para El Mostrador

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