Ahora que está dedicado a armar su gabinete y definir las prioridades de sus primeros meses de gobierno, el Presidente electo Sebastián Piñera debiera demostrar que aprendió la lección de su primer período y que no cometerá los mismos errores de aquella vez. Porque el propio Piñera ha repetido que la experiencia de haber sido Presidente lo ha preparado mejor para volver a ejercer el cargo, es fundamental que su gobierno construya un poderoso corta fuego entre el dinero y la política y que, en la conformación de su gabinete, él refleje la diversidad de Chile y de su coalición, evitando convertir su equipo de trabajo en un nuevo club de Cachagua.

Cuando obtuvo el 54,5% de la votación el 17 de diciembre, Piñera recibió un incuestionable mandato popular. Recibió un porcentaje mayor de votos que cuando ganó por primera vez en 2010. En número de votos, hubo más personas que creyeron en él este año que los que salieron a votar por Bachelet en 2013. Después de un doloroso tropiezo en primera vuelta, Piñera rápidamente corrigió rumbo y obtuvo la votación más alta para un candidato de derecha desde que existe el sufragio universal. Aunque algunos digan que hubo un 45% que votó por Guillier y que casi la mitad de la gente con derecho a ejercer su voto optó por no hacerlo, es incuestionable que el próximo Presidente llega al poder con un claro mandato popular.

Pero es precisamente lo incuestionable de ese mandato lo que pudiera constituir la principal amenaza para el próximo gobierno. Después de todo, si Piñera vuelve a La Moneda con un apoyo superior al que obtuvo en 2009, el Presidente electo bien pudiera pensar que, pese a lo que dicen sus críticos, debe haber hecho las cosas lo suficientemente bien la primera vez como para que la gente lo reeligiera.

Aunque una abrumadora mayoría prefirió al ex Presidente conocido —con sus fortalezas y debilidades— por sobre el abanderado de la Nueva Mayoría, ese mismo electorado pudiera abandonar rápidamente a Piñera si percibe que su gobierno no avanza en la dirección que espera la gente. Si una mayoría votó en primera vuelta por candidatos que prometían seguir adelante con las reformas de Bachelet y luego otra mayoría votó en segunda vuelta para que Piñera liderara a partir del 11 de marzo, no debiera sorprendernos que las encuestas de aprobación presidencial muestren a una opinión pública fluctuante y desleal durante los 48 meses que dure el próximo gobierno.

Por eso mismo, Piñera no debiera creer su mandato popular será de larga duración. La opinión pública rápidamente le dará la espalda al nuevo gobierno si percibe que Piñera abandona sus promesas y repite los errores de su primera administración. En particular, hay dos grandes fantasmas que persiguen a Piñera, y que fueron las armas que inhábilmente usó Alejandro Guillier en la campaña de segunda vuelta. La sospecha de que Piñera juega al filo de la ley y en el margen de la ética en la relación de los negocios y la política estará presente durante todo el cuatrienio. Por eso, al realizar nombramientos y tomar decisiones de políticas públicas, Piñera debiera saber que está bajo sospecha popular. Cualquier indicio de conflictos de interés avivará las críticas de sus detractores y sembrará dudas entre la gente que confía en su capacidad, pero duda de la fortaleza del cortafuegos de su gobierno entre la política y los negocios. El segundo fantasma es el elitismo que privilegió Piñera en su primer período. Al nombrar a un equipo de capaces tecnócratas —y complementarlo después con experimentados políticos—, Piñera no fue capaz de reflejar la diversidad de orígenes y experiencias que existen en la derecha y en el país. Al nombrar un gabinete de orígenes y experiencias de vida similares, Piñera renunció a incorporar diversidad a la mesa de toma decisiones de su gobierno. Ahora que obtuvo una mayoría abrumadora en la segunda vuelta, nuevamente tendrá la tentación de rodearse de un equipo de gente demasiado homogénea como para constituir un buen gobierno. El gabinete debe tener gente con diversidad de orígenes y experiencias de tal forma de anticipar adecuadamente los problemas y ofrecer un rango amplio de alternativas y soluciones.

En las próximas semanas, el Presidente electo Piñera deberá realizar importantes anuncios sobre quiénes compondrán sus equipos de trabajo y cuáles serán sus prioridades legislativas y de gobierno en los primeros meses de su administración. Precisamente porque alcanzó una victoria tan contundente en segunda vuelta, Piñera puede equivocadamente creer que tiene un cheque en blanco firmado por el pueblo. Pero como la opinión pública fluctúa con tanta facilidad entre la aprobación y el rechazo, el Presidente electo debiera recordar que cualquier error puede hacerlo caer en el mismo sendero de victoria inapelable seguida de profunda crisis que caracterizó al gobierno de Bachelet.

 

Patricio Navia, #ForoLíbero