Esta es la pregunta que la mayoría de los analistas políticos han tratado de responder los últimos días. Y en realidad la respuesta, a mi entender, es evidente. En primera vuelta los chilenos solemos darnos unos gustitos, los que incluye, por cierto, no ir a votar; pero en segunda vuelta más que presentar un gran apoyo a Piñera -que de ser tal debió reflejarse en la primera vuelta-,lo que los chilenos manifestaron fue un gran rechazo a Guillier y las políticas estructurales planteadas por la actual administración.

Este gobierno es el gobierno que mayor rechazo ha tenido en la ciudadanía después del retorno a la democracia. Y ello se nota en el día a día y en las cifras económicas deplorables que deja tras de sí. También nos invita a reflexionar sobre la labor periodística que ha llevado a una sobre valoración, y sobre representación de las ideas de la izquierda populista.

Es verdad que el Frente Amplio sacó una mejor votación que la que se esperaba, pero si se suma su votación a la de Meo (siendo generosos con ellos, desde que Meo en la prima vuelta se alejó de las ideas populistas de izquierda), el conglomerado sacó una votación más baja que Meo y Arrate el 2009. Por tanto, los grandes perdedores acá fueron las ideas populistas de izquierda; que, sin embargo, son las ideas que priman hoy en la DC, el Partido Socialista y, naturalmente, en el gran motor del populismo de izquierda: la Nueva Mayoría.

Entonces ¿estos grupos deberían desaparecer de la esfera política y social? La respuesta lamentablemente es negativa desde que están sobrerrepresentados en los medios y en la opinión pública. Hay una masa de profesionales que haciéndose cargo de la evidente e inaceptable desigualdad de nuestra sociedad, han decidido insistir en un modelo que no mira a las consecuencias que genera.

Ellos están obsesionados con los países nórdicos, y algunos países europeos (afortunadamente la evidencia europea no los acompaña), y esta idea aunque está derrotada en la segunda vuelta, tiene gran aceptación en nuestra élite e intelectualidad política. Y su derrota definitiva dependerá no sólo de la evidencia de las consecuencias de sus políticas de reformas estructurales, sino si como país somos capaces de levantar referentes de centro izquierda y derecha más sensatos.

El gobierno de Bachelet para muchos ha representado que nos hemos farreado el salto hacia el desarrollo y la creación de una sociedad más justa. Y en esta tarea el Presidente Piñera tiene una gran labor que realizar, pero él no podrá hacerlo sólo (si es que está por la labor), también lo tiene la sociedad en su conjunto.

El centro político hoy se aloja más en la derecha que en la izquierda, por lo que la tarea obvia es que hay que hacerlo crecer, para de este modo levantar una centro derecha competitivo al largo plazo, que naturalmente al otro lado del extremo político potenciará una centro izquierda, como lo fue la Concertación en su momento. Esto es lo que realmente explica el resultado de las elecciones y  la apabullante mayoría del Presidente Piñera. El clamor popular es posible escucharlo aún: ¡Presidente los chilenos queremos un gran referente de centro izquierda que haga crecer la clase media y las políticas sociales de mercado! En pocas palabras, no queremos igualdad material a cargo de un Estado todo poderoso, sino queremos crecer con igualdad de oportunidades. Y ello significa focalizar con fuerza en los más pobres, y hacer que el país crezca sostenidamente.

/Escrito por Rodrigo Barcía para La Tercera

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