La gran pregunta que queda por responder de aquí al 11 de marzo es cuál Sebastián Piñera será el que retorne a La Moneda: ¿El de la primera o el de la segunda vuelta? Los resultados sugieren que la mejor versión de Piñera es la que compitió el 17 de diciembre, lo que equivale a decir que la del 19 de noviembre debería ser relegada. Pero también es cierto que el Piñera de la primera ronda se acerca más a la personalidad, el ideario y el estilo que el Mandatario electo ha mostrado a lo largo de su trayectoria política.

La interrogante comenzará a ser resuelta con el nombramiento del gabinete. Habrá que observar quiénes son los nuevos ministros y cuáles sus sensibilidades. Al mismo tiempo, como el sentido común indica que se hace primero aquello a lo que se atribuye mayor importancia, también será revelador conocer con qué decisiones debutará el nuevo gobierno.

Ya hay quienes indican que lo primero será presentar un paquete de medidas para reactivar la economía. Pero si Piñera da prioridad absoluta al reimpulso económico -por muy necesario que sea-, volvería a la versión de la primera vuelta y confirmaría el sesgo economicista y proempresarial de Chile Vamos. En cambio, si elige sorprender y abordar de entrada las ineludibles medidas que la derecha debe hacer suyas para llevar alivio a una población agobiada por colas en consultorios, inseguridad en sus barrios, problemas para pagar la educación de sus hijos, alto costo de los medicamentos, incertidumbre acerca de su jubilación, etc., mostraría el sello social que le permitió ganar en la segunda vuelta y descolocaría a una izquierda que se prepara para no darle tregua.

Hacerse cargo de las incertidumbres que acosan a la clase media emergente parece ser la clave para el éxito de cualquier gobierno en el Chile actual. Michelle Bachelet dijo que lo haría; en la práctica consiguió justo lo contrario, porque sus reformas causaron inquietud y afectaron el crecimiento. Piñera promete traer de vuelta este último; su experiencia anterior en el gobierno debería enseñarle que eso es necesario, mas insuficiente. Si no genera certezas en sectores fragilizados y tampoco logra restituir la confianza en las autoridades, saldrá de La Moneda en 2022 tal como en 2014: entregándoles las llaves a sus adversarios y sin opción de proyectar su obra.

¿Se encontrará el Presidente electo a la altura del desafío? Si persevera en la soberbia y el economicismo de la primera vuelta, la respuesta será un no rotundo. Si, en cambio, ratifica y profundiza algunos de los matices sociales y la actitud de escucha y humildad que introdujo en el balotaje, tendrá buenas oportunidades de éxito. De él deben provenir el liderazgo y la determinación para dar un énfasis social a su gestión, ejerciendo su cargo con disposición a oír y autoridad para enfrentar a una oposición que tardará en rearticularse, pero que sin duda pondrá muchos obstáculos en su camino. 

/Columna de Juan Ignacio Brito para La Tercera

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