Hace algunos años, durante una conferencia que dio en Chile, le pregunté a Bill Clinton acerca de su amistad con los Bush, padre e hijo, con quienes no solo conversaba de cuando en cuando, sino también jugaba golf. Le dije que aquello parecía extraño, dado que siempre fueron rivales políticos, pero Clinton fue enfático en señalar que a él le parecía no solo natural, sino también necesario. “Cuando uno ha sido presidente, entiende lo difícil que es el cargo, y que más allá de las diferencias, todas las personas están ahí para servir al país, entregando lo mejor de sí. Y uno siempre tiene mucho que aprender de aquello. Es bueno para uno y bueno para los países”.

Me acordé de aquello a propósito de la reciente invitación de Piñera a Lagos, para conversar de diversos temas del acontecer nacional. Ambos se reunieron por cerca de dos horas, en una conversación que Lagos calificó de distendida, grata y muy republicana. “Hay que reconocer que existe una cierta fractura entre los ciudadanos y la clase política. Enfrentar aquello es una tarea compleja, difícil, que es propia de un Jefe de Estado, y en este sentido, él sabe que puede contar con mi colaboración como corresponde a un expresidente”, señaló.

Como era de esperar, algunos criticaron el encuentro. El Partido Comunista le reprochó a Lagos que no tuviera los mismos gestos y entusiasmo hacia Guillier cuando era candidato, a lo cual el exmandatario respondió lo obvio: “Yo hago las cosas que me piden y nadie pidió que colaborara en la campaña”.
Pero más allá de las críticas del PC y algunos cuyo deporte es incendiar las redes sociales con cualquier cosa, lo ocurrido es una gran noticia para Chile. La imagen de que dos altos personeros de fuerzas políticas antagónicas se puedan sentar a conversar sobre los desafíos del país, es algo muy sano y, de paso, representa el sentir de muchos. Porque, en gran medida, la molestia de la ciudadanía con la política es precisamente la incapacidad de tener una convivencia pacífica, más allá de lo que cada uno piensa.

Cabe destacar que todo esto ha sido extensamente destacado por la prensa internacional, partiendo por el desayuno de la Presidenta Bachelet con Piñera al día siguiente de la elección, que fue visto como un gran gesto de madurez política de nuestro país.

Como bien lo dijo Lagos, su visita a Piñera no significa un apoyo a su gobierno. Nadie piensa aquello. Pero, quizás, sea algo más importante: una señal de que todos pueden colaborar en temas de Estado, algo que está por sobre los gobiernos de turno.

De acuerdo a las encuestas post elecciones, un 60% de los chilenos creen que al futuro gobierno le irá bien o muy bien. O sea, más gente que la que votó por Piñera piensa aquello. Puede que estos gestos estén colaborando en el buen clima que vemos en estos días. Una buena forma de terminar el año.

/Columna de Andrés Benítez para La Tercera

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