¿Te imaginas 264 horas o, lo que es lo mismo, 11 días sin conciliar el sueño? No es ninguna locura… se trata del récord registrado de mayor tiempo sin dormir. La falta de sueño por sí sola no es mortal, pero sí que los son los efectos en cadena que causa.

De primeras hay que entender que cada persona requiere unas horas diferentes de sueño para que este sea reparador y, además, varían a lo largo de nuestra vida, por eso te extrañas cuando alguien te habla de sus 10 horas diarias de sueño cuando tú apenas llegas a siete… En España aproximadamente un 30% de la población padece algún tipo de trastorno del sueño, pero ni el 70% de ellos no lo ha comunicado ni se lo ha sido tratado porque se limitan a aceptarlo cuando es algo que, en realidad, puede reconducirse.

Ana de la Mata, psicóloga del Centro Psicológico Cepsim, se pregunta, al igual que muchos de nosotros, por qué dormimos: «Aún estamos contestando a esta pregunta, aunque sabemos que cuando no lo hacemos nuestro sistema inmune se deprime, fallan nuestros procesos cognitivos, nuestra salud mental empeora y el resto de funciones fisiológicas se ven alteradas».

Las consecuencias de no dormir las podemos notar desde la primera noche que no descansamos suficientemente bien y nos levantamos todavía más cansados de lo que nos fuimos a la cama: «Todos tenemos la experiencia de haber pasado una mala noche y habernos despertado irritables, somnolientos y faltos de energía», explica la psicóloga.

Pasadas las 24 horas…

A lo largo de tu vida habrás vivido 24 horas sin parar, cerrando los ojos solo para pestañear y no para conciliar el sueño. ¿Sabes lo que eso significa? Que tu sistema inmune, cardiovascular, endocrino o deseo sexual se han visto afectados.

Tras 24 horas sin dormir…

  • El funcionamiento cerebral, nuestro rendimiento cognitivo disminuye notablemente. Pensamos más lentamente, nos cuesta más concentrarnos y no percibimos tan precisamente como solemos.
  • El sistema inmune se deprime.
  • El sistema cardiovascular se ve amenazado porque aumenta nuestra presión arterial y acumulamos grasa más fácilmente.
  • El sistema endocrino funciona peor porque aumenta nuestro riesgo de padecer diabetes y nuestra sensación de apetito y saciedad se ven alteradas.
  • Disminuye el deseo sexual.

Recientemente se ha observado el papel del sueño en nuestra memoria y aprendizaje. Según cuenta la psicóloga Ana de la Mata, nuestro cerebro es «como un gran ordenador» que durante la noche se encarga de integrar todo lo que nos ocurrió, cómo nos hemos sentido, qué sensaciones corporales hemos experimentado y qué hemos pensado. «Con toda esa información narra nuestra historia y afianza lo que hemos aprendido», dice.

«A veces nos pasamos todo el día ocupados sin poder parar a observar cómo nos sentimos y a procesar dichas emociones. Es más, en ocasiones esta tarea de auto-observación puede resultar abrumadora. El momento de ir a dormir es un momento en el que inevitablemente tenemos que mirarnos», indica la experta.

Todo esto respaldado por el ritmo de vida que impone la sociedad industrializada interfiere en un sueño suficiente y nos lleva a intentar controlarlo con sustancias como la cafeína, la nicotina o el alcohol, que en realidad no hacen más que empeorar la situación.

Nuestras funciones corporales, incluyendo nuestros ciclos de sueño y vigilia se regulan gracias a los ritmos circadianos, que es como nuestro reloj biológico. Estos ciclos se regulan a través de las señales de luz y oscuridad que capta nuestra retina. Alerta Ana de la Mata que «los horarios irregulares, no estar suficientemente expuestos a la luz natural o, por el contrario, exponernos excesivamente a la luz artificial desbarata ese reloj biológico».

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