Por fortuna la nación, aunque atónita, no ha carecido de amables ensayistas, mistagogos y profetas de la hora 25 deseosos de dar explicaciones acerca del porqué de la contundente derrota del “progresismo”. Ofrecen teorías de todos los sabores y para todos los gustos. Muchas nacen de la “autocrítica” que transversalmente se proclama en estos días, ejercicio sofístico cuyo propósito es NO hacer ninguna desagradable crítica; se busca a toda costa conservar la vigencia de las proclamas que se vocearon con el fin de “reencantar” al país, aunque más bien lo despertaron. Lo mismo hacen en las ferias de pulgas los vendedores a mil de El Secreto del Éxito, el cual conservan aunque no se venda nunca; siempre puede haber otra oportunidad. Por eso la autocrítica ha sido menos una seria intervención de quirófano que el acto de esparcir sobre las contusiones un bálsamo de amplio espectro –se lo aplica desde el PC a la DC– capaz de aliviar el dolor y ojalá dejar el cutis político con un sano tono aterciopelado. En efecto, los optimistas piensan que no sólo es anestésico, sino además transformador; convierte al culpable en víctima, celebrado y recurrido hit del progresismo. Cuando se es víctima necesariamente otro es el culpable y por tanto uno es inocente. En este caso el malo de la película fue la perversa capacidad del “enemigo de clase” para engañar a los fachos pobres. La culpa, entonces, es de la derecha cavernaria, de los reaccionarios, los imperialistas, los golpistas, los fascistas, los renegados, apóstatas, súcubos e íncubos.

La otra versión es de Guillermo Teillier, quien hace uso de un recurso estilístico muy popular en su Paraíso Perdido, la fenecida URSS. Consistía y consiste en reescribir la historia. ¿Cayó en desgracia y hasta tropezó con una bala en la nuca el hasta ayer camarada Fulano de Tal? Nada de eso: no está ni en desgracia ni muerto, sino jamás ha existido. El difunto desaparecía como por encanto de las fotos y textos en los que hubiera aparecido en la edición anterior -ya superada por los progresos del socialismo- de la Enciclopedia de la URSS y otras obras publicadas por el PC para alegría, hoy, de bibliófilos en busca de excentricidades. Teillier hace lo mismo al afirmar que el gobierno de Michelle Bachelet fue agredido desde el día uno por la derecha, he ahí la victimización, a lo cual se sumaría como “golpe maestro” el caso Caval, he aquí la conspiración

Historia paralela

Sin duda el camarada Teillier estuvo examinando un universo paralelo en el que Chile, como “Ciudad Gótica” del mundo de Batman, lo tiene todo patas para arriba. Lo que en nuestro universo hubo desde “el día uno” no fue un ataque masivo y despiadado de la derecha sino la existencia a favor de Bachelet de la totalidad de las ventajas políticas posibles, a saber, una arrolladora mayoría en el Congreso, el apoyo de estudiantes que lo esperaban todo de ella, la simpatía de la calle que se había comprado la sonrisa y el delantal médico de la señora y un triunfalismo sin límites de los partidos de su coalición expresándose, a poco andar, en frases como la de la retroexcavadora; nada de eso suena a un asedio a manos de la oposición, por ese tiempo sumida en el desconcierto. De hecho no había “una” derecha propiamente tal en condición de pensar, planear y ejecutar nada ni siquiera desde el día enésimo. La desintegración ostensible ya durante el proceso previo, cuando buscaban candidato, no hizo sino elevarse al cuadrado con la derrota. En la derecha no hubo, en ese mítico Día Uno, otra cosa que pobres criaturas inclinadas al berrinche de los reproches mutuos. Al cabo de algunos meses superaron ese pánico y desconcierto, pero no por la planeación sino por la ilusión, fase de candor que se manifestó en varias votaciones en el Congreso, cuando el sector creía posible moderar el programa de la NM o apaciguarlo con tales o cuales modificaciones a los proyectos del gobierno. En la fase siguiente reemplazaron la ilusión, pero no por un plan de batalla sino por la Fe en los milagros que produciría el advenimiento de Valdés y Burgos, a quienes vieron en el papel de la caballería que en las películas de cowboys llegaba a salvar a los buenos. Esa desintegración y/o colosal desorden existió hasta no hace mucho; quizás sólo en los últimos tres meses de la campaña y en especial luego de la primera vuelta electoral la derecha operó, al fin, como “la” derecha, pero aun así y hasta el final con exabruptos de incurables adictos al protagonismo mediático.

“Golpe maestro”

La guinda que corona esa torta de desatinos del pastelero Teillier es el “caso Caval”, como se llamó el paquete completo de los negocios del hijo de la Presidenta y su señora. Según Teillier fue el golpe maestro de la derecha. En otras palabras, el negocio, aun bajo investigación en sus diversas facetas, no sería de responsabilidad y autoría de la feliz pareja, sino de “la derecha”. ¿Cómo operó esa entelequia maquiavélica para tomar de la mano al matrimonio y arrastrarlo a la oficina de Luksic? Teillier no nos lo ha dicho aún. ¿O se refiere a un “aprovechamiento político” de la prensa de derecha? Si no recordamos mal fue TODA la prensa, incluyendo medios progres, la que tomó ese caso -y con toda razón– bajo escrutinio como había hecho antes y ha hecho después con irregularidades posibles o probadas de políticos y/o personeros de AMBOS bandos.

La teoría conspirativa del “golpe maestro” revela cuán persistentes son los esquemas mentales maniqueos en el cerebro del devoto típico. No siéndole posible, al beato, examinar críticamente los axiomas que a fin de cuentas constituyen su identidad, es natural que busque las causas de todos los estropicios en el OTRO, en el enemigo. La culpa que se acepta como propia es menor y/o derivativa de la buena voluntad; se yerra por inocencia, por confiar demasiado, por serse ingenuo. O tal vez se acepta que por un fugitivo momento se ha pecado, pero siempre es sólo una falta venial, un desliz que NO afecta el corazón del cuerpo doctrinario. Confieso padre que recé menos de lo suficiente, pensé en un sándwich mientras le oraba a Nuestro Señor y miré con ojos lúbricos a la señora Eulalia, la que viste santos; la versión de Teillier y Cía. es que no pudimos unirnos, fallamos en la coordinación, no “leímos” bien las señales y cometimos algunos errores. Si se leen las conclusiones de las asambleas del PCUS luego de las sesiones de autocrítica, documentos cuyo surrealismo sobrepasa con creces el de la literatura fantástica, se comprobará cuán idéntica es la pomada; el stock de errores aceptados nunca superó, en los momentos álgidos, el cargarle el muerto a UNA persona que habría cometido el pecado del “culto a la personalidad”. Pueden los lectores de esta columna estar seguros de que el día cuando el régimen de Corea del Norte se derrumbe, lo cual es inevitable, se hará lo mismo con “Little Rocket Man”.

La “unidad”

Teillier también llamó a la unidad “desde el PC hasta la DC”, cubriendo así la entera franja de la fallecida coalición. Pero, ¿qué significa eso? ¿Cuál es el punto alrededor del cual se produciría dicha unión? ¿Una predica vacua y ampulosa del tipo “defendamos las conquistas del progresismo”? Si es así Teillier no atina a comprender el profundo cambio que ha vivido Chile, sin espacio ya para consignas inanes provenientes de la Segunda Internacional. Con su mercancía de segunda mano no podrá gestar ninguna unión y menos crear programas o agendas. Por no entenderlo se desmorona el PPD, se desmorona la Decé, se tambalea el PS, es irrelevante el PR y el único que mantiene cierta cohesión, el PC, lo logra sólo porque persevera en su carácter de secta, las cuales compran eternidad al precio de momificarse en el presente.

Si acaso habrá “unidad” será a la Frankestein, con pedazos de cadáveres zurcidos al hilván. Y no será alrededor de una gran idea, sino de una conjura para hacerle zancadillas al nuevo gobierno. Eso es claro, fácil y podría ser remunerativo. Está, además, a la altura de la NM.

/Fernando Villegas para La Tercera

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